Zozobra

Sigue la tormenta, la calma no anda cerca. No hace muchos días, dos fogonazos parecían permitir al sol encontrar algún resquicio por donde iluminar. Fue un espejismo. El viento es cada vez más fuerte. El cielo cada vez más oscuro. Se anuncian rayos y truenos que acabarán de agitar la atmósfera. En plena zozobra, fuerte oleaje y cada vez peor tiempo, un barco trata de no hundirse. En él ya viaja poca gente. Y lo hace poco segura de llegar a buen puerto. Como en el Titanic, estábamos convencidos de embarcar en una nave imposible de hundir. De seguir así, sin embargo, pronto no quedará ni la banda de música. Tan solo un golpe de timón, hoy aparentemente inimaginable, puede evitar el desastre. Nos hundimos, Philippe, nos hundimos. Y lo peor, no parece que la situación te provoque rebelión alguna. Enerva el modo en que pareces resignarte ante el fatal destino.

Hará un par de meses escribimos en esta misma botella un mensaje de aviso. No llegaba ni tan siquiera a ser una pedida de auxilio. El oleaje entonces parecía fácil de controlar. Simplemente pedíamos cerrar el paraguas. Tocaba mojarse. Asumir la responsabilidad. Ejercer el rol encomendado. Demasiado tiempo después, el paraguas sigue abierto, pero es imposible escapar a la tormenta. El rumbo no ha variado. Y desespera. Desde otros barcos, hace un tiempo menos fiables que el nuestro, se nos lanzan bengalas de aviso. ¡Reaccionad! ¡Acaso no veis que os hundís! En su momento, ellos sí hicieron caso a las advertencias. El buque francés cambió dirección y ritmo, y tras parar en puerto por averías menores, todos confían que de nuevo alcanzará velocidad de crucero. E incluso una barcaza brasileña, de mucho menor nivel a la nuestra, parece más segura gracias a la fe y actitud con la que afrontó su gran oportunidad de zarpar.

Corren malos tiempos para el coutinhismo. La decepción en la tripulación es cada vez mayor. Se confió tanto, se depositaron tantas esperanzas, había tantas expectativas, que el viaje está resultando demoledor. ¡Saltad antes de que sea demasiado tarde! La frase, razonable a más no poder, se repite una y otra vez. Nos hundimos, Philippe, nos hundimos. ¿Vas a reaccionar? Sea lo que sea lo que te ha llevado a tanta melancolía, hay que combatirlo. Como capitán del barco, debes liderar la reacción. Depende de ti. Los cracks lo son por su calidad, pero también por su carácter. Lo primero lo tienes. Toca demostrar lo segundo. Debes rebelarte. Se necesitan argumentos para seguir en el barco. O se varía ya el rumbo, o el coutinhismo se hunde.

 

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