Escribe el 10

Salid y disfrutad. Imagino que llegando al Camp Nou, Leo leería el lema que había aparecido por sorpresa en la fachada principal del templo. Lejos de pasarlo por alto, Messi hizo suyo el primer mandamiento del cruyffismo. El diez salió... y simplemente disfrutó. Vaya si lo hizo. Tras unos primeros minutos de cierta zozobra, el capitán ejerció de tal. Fue entonces cuando se cumplió el dogma que define al fútbol los últimos años: si aparece Messi, rara vez hay partido. Inspirado por su bendito pie izquierdo, asistimos a un nuevo recital de diabluras. Robo, caño, rosca y gol. Sprint corto, remate, asusto al portero y balón a la red. En pocos minutos, de nuevo la ley del más fuerte. El Barça disfruta de un factor diferencial, un as en la manga, un comodín. Y no, como dijo Valverde, no se debe pedir perdón por ello, si no disfrutarlo. Y aprovecharlo en su actual versión. La de jugador que fantasea con un balón sí, pero también la del futbolista que se arremanga, que trabaja, que lee el partido, que detecta el camino y que marca el trayecto a seguir.

Con Messi al frente, el culé se pellizca. ¿Es real lo que ven sus ojos? Mira hacia atrás, y ve al fin superado el muro de los cuartos de final. Pasada esa dura pantalla, mira al frente y el paisaje asusta por lo bonito que es. A un lado, la Liga sentenciada. Al otro, una final de Copa reservada. Y en el centro, cada vez más cerca, se vislumbra ya la linda y deseada. Queda trecho, faltan curvas y obstáculos que no serán fáciles, pero al Barça se le entrega carta para fantasear. Por sus méritos y por las alternativas que se han quedado en el camino. Sin rival en la Liga, apeando al que apareció en la Copa, y observando en Europa como han ido cayendo las que eran torres más altas.

Queda pues declarado el estado de ilusión. El culé, de nuevo, tiene licencia para soñar. Por dónde está, por cómo ha llegado hasta aquí y por quién le lidera. Está el Barça llegando a la cima, y se siente fuerte. Ni rastro del Madrid. Se quedó el Atlético. Cayó Cristiano. También Guardiola. La recta final en la reconquista de la linda y deseada aparece menos exigente de lo previsto. Pero cuidado. Confiar sí, confiarse no. Craso error ahora caer en el darlo por hecho. Queda lo más difícil, saber gestionar la etiqueta que el Barça se ha ganado por méritos propios. Pasa a ser el favorito. Desde esa condición, ahora le toca, como diría Valverde, redactar su propio destino. Genera confianza saber que quien escribe es el diez. El que lanzó la arenga. El líder. El que permite soñar. Messi. El que sale y disfruta.

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