Apariencia: Manera de aparecer o presentarse a la vista o al entendimiento una persona o cosa.

¿Cuántas veces hemos escuchado que las apariencias engañan? ¿Y que no sólo hay que ser honesto, sino parecerlo? Pues ahí seguimos, con el dilema entre ser y parecer, qué es ético y bajo qué circunstancias es mejor mentir, simular, engañar. Las mentiras piadosas. No hace falta ponerse filosófico, que en la última semana tenemos un amplio abanico de ejemplos que demuestran que en ocasiones no todo es blanco o negro y que los matices importan.

Por empezar con lo más reciente y bajar la pelota a tierra: ¿Debió Cristiano Ronaldo suspender su fiesta de cumpleaños después de la zurra en el Vicente Calderón? A servidora, después de trabajar muchos años en información deportiva, no dejan de sorprenderme estos debates. La ingenuidad de los aficionados que creen que sus ídolos (jóvenes millonarios endiosados en su mayoría) funcionan, sienten y padecen como ellos. Porque sus vidas tienen unas similitudes bárbaras con las de sus futbolistas preferidos, vamos. Así, Cristiano, del disgusto, debía haber cancelado el fiestón de 150 personas (no sé ustedes, pero yo no conozco ni siquiera a tanta gente)  que tenía programado de antemano después de dar pena ante el Atlético. 

El portugués podría haber hecho la misma fiesta, con la misma gente y hasta con autobuses llenos de chicas en minifalda (como las que hacía Ronaldo, el brasileño), trapecistas, mariachis, bomberos toreros, tahúres, lanzafuegos y contorsionistas y si no hubiese salido ni una sola foto o vídeo del evento, no habría pasado nada. Es un asunto de discreción. Si has perdido y te han dado una tunda, mejor taparse. Mejor que ‘parezca’ que estás tan jodido que solo tienes ganas de ponerte el pijama. Aparentar que te afecta.

En el Barcelona en los últimos días también les ha dado por simular, ya sea que hay una conspiración de los poderes del Estado, como que en la actual Junta todo está fetén y reman a una como en Fuenteovejuna. Así, después de que Bartomeu clamara contra la persecución por parte del Estado que está sufriendo el club salieron los vicepresidentes Faus y Vilarrubí a desmentirle. ¿Y qué hizo Bartomeu? Pues declarar en la tele del Barça: “Faus y Vilarrubí siguen apoyando a la Junta”. Ajá. 

Y si en el fútbol hay ejemplos, en la política, donde disfrazar la realidad ha sido elevado a categoría de arte, la semana ha venido cargadita también. Ahí estaba Soraya Sáenz de Santamaría, que no utiliza las ruedas de Prensa tras el Consejo de Ministros para atizar a otros políticos, hasta que, bueno, las utiliza. El viernes afirmó: “Si todos los españoles hiciésemos lo mismo que el señor Monedero a ver cómo pagamos los servicios públicos, la Sanidad y la educación en este país”. Un detallito, por no entrar en más, solo uno: Soraya es la misma Soraya que no quiere hablar de la financiación en B y hasta en C con la que se ha remodelado la sede de su partido, por ejemplo. Se le da bien hacerse la digna a la vicepresidenta señalando la paja ajena y no la pedazo viga que atraviesa la suya y por la que están perdiendo votantes como churros. 

Aparentar transparencia y honestidad. Presentarse como un ejemplo. Y cuando te pillan, disimular que aquí no ha pasado nada. Circulen, circulen. Eso es lo que le ha sucedido a Monedero. El número tres de Podemos regularizó su situación fiscal presentando una declaración complementaria. Vamos, que antes de que le pusieran la multaza, decidió soltar la pasta que antes se había intentado ahorrar. Con las lecciones de ética que da su partido (y el pánico que les tiene ‘la casta’ por los resultados que ofrecen las encuestas) es lógico que PP y PSOE hayan salido como alimañas para apuntarle con el dedo.  Aparentando que ellos, válgame dios, están impolutos.

“En este mundo traidor/ nada es verdad o mentira/ todo es según del color/ del cristal con que se mira”. Lo escribió Ramón de Campoamor. Lástima de mundo traidor.

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