La estrategia de comunicación estética de Anna Gabriel en Suiza (y la bilis de la caverna mediática)

Confieso que analizar "la nueva" imagen de Anna Gabriel en Suiza me genera cierta pereza. Porque aunque la estrategia de comunicación estética emprendida por la exdiputada de la CUP es tremendamente reseñable, significativa e interesante; el ruido cavernícola, partidista y mediático de las últimas horas entorno a la misma sólo genera juicios precipitados, torpes, vacíos y faltones que opacan el verdadero fin del mensaje visual y provocan que la que aquí escribe deba justificar, o incluso pedir disculpas, otra vez por su trabajo (descodificar la comunicación no verbal) antes de proceder al examen. En fin, ahí va:

Entrante

Las formas

La forma es el fondo; y sin formas no hay fondo. Que la caverna mediática aproveche la imagen de Anna Gabriel (o de cualquier otra persona) para atacar su ideario o causa, los retrata. Pero no por el hecho de analizar su (estudiado y pretendido) cambio de look, sino por la bilis que escupen por la boca y la falta de criterio y profesionalidad para juzgar (leer) el mensaje visual. Referirse a Anna Gabriel como "fea, pija, etarra, borroka, mugriente, guarra, gorda, maloliente, antidesodorante..." no es un ejercicio de crítica estética, es la versión adulta del "caca, culo, pedo y pis".  Es como si yo valorara la trayectoria periodística de Carlos Herrera por el bigote de fachilla que se afeitó hace sólo un lustro, el #pecholobo en plan proxeneta con el que se toma la licencia de entrevistar hasta al presidente del gobierno, el repeine de señorito misógino andaluz, su gusto confeso por lo escatológico y el babeo con el que besa a la sultana Susana Díaz… Bueno, no; en comparación, este improvisado análisis sobre el presentador me ha quedado excesivaemnte elaborado… Primero

#cuquiGabriel

La elección de firmas ecoéticas y sostenibles; la coincidencia de cuellos en la superposición de la doble manga; los recogidos con los que ataba desenfadadamente pero cuidadosamente su cabello… Aunque no quiera ni vaya a reconocerlo jamás -se debe a ese estúpido prejuicio que obliga a la clase política de este país a perjurar que jamás se miran al espejo como si tal cosa fuera sinónimo de vacío intelectual/espiritual-, cualquiera que repase la trayectoria estética de Anna Gabriel descubrirá que siempre ha mimado su apariencia (sí, incluso en el desafortunado episodio en el que se olió el sobaco en el Parlament preocupada por la intensidad de su sudor). Podrá entenderse o gustar más o menos su estética pero, dentro de su estilo, sus looks siempre han estado bien desarrollados (planificados, estudiados, conjuntados, proyectados...).

Flequillo

El flequillo interesadamente desprestigiado hoy en este país como “nekane", "borroka" o "a hachazos" es en realidad un símbolo de liberación feminista popularizado a principios del siglo XX por la actriz estadounidense Louise Brooks. Sorprende que un peinado con más de un siglo de historia todavía ofenda o atemorice a nuestra sociedad por defender la independencia y lucha feminista (y no lo haga el mechón grasiento de Crispín que arrastra Pepe Oneto desde ni se sabe). Sin embargo, pese a poder esgrimir este reivindicativo argumento cuando los analfabetos estéticos le preguntaban acerca de su peinado, Gabriel sólo declaraba que lo había elegido por "comodidad". Y lo siento, pero esa razón es poco convincente: ese flequillo obliga a cuidado constante porque cada semana tienes que estar repasando los pelillos que crecen dispares.

Segundo

Dress code suizo

Para bien o para mal, el pueblo suizo no contempla la aparente laxitud en las formas e imagen que Anna Gabriel se permitía en el Parlament de Catalunya. Tal vez Suiza no extradite por delitos políticos, pero podría darse una expulsión social (rechazo, destierro) por delitos estéticos. Sobre todo en la parte francesa de la Confederación Helvética. Ni con cuatro palmos de nieve renuncia una ginebrina a sus stilettos o bailarinas. A sabiendas, la #cuquiCup en el exilio ha iniciado con gran habilidad la campaña #preppyCup. No se engañen, si alguien domina la estética como estrategia de comunicación política esa es la CUP. Empieza el espectáculo: ¡Mambo! #crispetes

Dulcificar el mensaje

Tanto el tono de voz como el lenguaje corporal de Gabriel (pese a que su gesticulación facial suela revelar cierto cinismo…) siempre han rebajado la contundencia de su discurso hablado. Pero al soltarse el cabello y recoger delicadamente el flequillo a un lado con una horquilla (por cierto, no se “ha alisado el pelo” como leo en algunos titulares porque lo tiene lacio y, antes de ocupar la primera línea política, ya había llevado este tipo de peinado y look… La nueva imagen, en realidad, no es tan nueva…), sus rasgos faciales marcados también se suavizan y ofrecen un mensaje conjunto mucho más reposado. La elección de prendas superiores de tejidos orgánicos de calidad como el algodón y la lana en sus dos primeras apariciones públicas en Suiza también propicia esta visión de calidez y amabilidad para ganarse el favor y simpatía entre la opinión pública y la clase política y judicial suiza.

Manicura

Gabriel aprovechándose y reivindicando el punto grunge y rebelde que la moda occidental capitalista concede esta temporada a través de la laca de uñas oscura.  Entre el peinado y el esmalte, se da un aire a la también ex diputada de la CUP Isabel (#cuqui)Vallet. 

Postre

Les da cien mil vueltas

La colecta propuesta por Alfonso Rojo para proveer de champú a Anna Gabriel se la puede reservar el pseudoperiodista para desinfectarse la mugre mental que le impide ver que la cupera, a diferencia de otros líderes de derechas, jamás ha llevado el pelo sucio. Porque pese a ser "una roja separatista, radical, anticapitalista, secesionista"; Gabriel demuestra que habla perfectamente francés (catalán, castellano e inglés), sabe cómo reorientar su vestimenta hacia las reglas estéticas capitalistas cuando le conviene, es educada y culta. Comprendo el enojo, frustración y desesperación de todos sus adversarios políticos al enfrentarse a la nueva imagen de serenidad, madurez y equilibrio que proyecta la de Sallent desde Suiza. No pueden con ella. Les da cien mil vueltas (estética e intelectualmente).

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