La asociación criminal

Desde el pasado domingo, cuando el barco de Proactiva Open Arms quedó inmovilizado en el puerto de Pozzano al sur de Sicilia después de rescatar a 216 personas, en las aguas del Mediterráneo central sólo está ya Médicos sin Fronteras. A Proactiva se le acusa de asociación criminal y de fomentar la inmigración ilegal. Y no se nos cae la cara de vergüenza.

La política anti inmigración de la Unión Europea sí que se ajusta más a la de una asociación criminal. Porque está dejando morir a hombres, mujeres y niños que escapan del terror, de guerras, de la miseria y que terminan en manos de traficantes siento torturados, explotados, violadas antes de subirse a lanchas de mierda sin ninguna posibilidad de llegar hasta Europa. Las mafias les abandonan a su suerte, sin combustible suficiente, abocados al naufragio seguro y sin las ONG se los traga el mar para siempre y sin testigos. Mientras, la UE paga a países como Libia para que retengan a los desesperados sabiendo como saben, hay testimonios de sobra, que les están vejando y tratando como ganado. Lo único que les preocupa a nuestros dirigentes es frenarles, que no pisen suelo europeo, que no se conviertan en nuestro ‘problema’. Quitárselos de encima.

La maldad existe. Llevamos años asistiendo, contemplando, permitiendo, que así sea. Mirando hacia otro lado. Esforzándonos por hacer que no vemos, que no lo estamos viendo. Consolándonos con el y qué le vamos a hacer. Como si no eligiéramos a los que nos gobiernan, como la presión social frente a los desmanes, la queja, no fuera un arma.

Desde el 2016 las embarcaciones de Open Arms han rescatado a más de 58.000 personas. Y casi en cada una de las 43 misiones hasta ahora han llevado a bordo a periodistas para que pudieran ser testigos de cuál era su trabajo y contaran lo que estaba pasando. Así ha sucedido con la última, en la que Cristina Mas y Xavier Bertral del diario Ara han visto y publicado. Los relatos y las fotografías son tan descarnadas que comprendo la tentación de no ver ni leer. Pero eso es precisamente lo que nos convierte en cómplices de la barbarie: la indiferencia.

Ojalá tuviera las palabras mágicas. Un ‘abracadabra’ con el que a todos nos golpeara la conciencia bien fuerte y dejáramos de encogernos de hombros y musitar un piedoso “pobre gente” para lavar así nuestra culpa y a otra cosa, mariposa. Porque la tenemos. Todos. No podemos seguir permitiendo que se criminalicen a las organizaciones humanitarias sin ningún ánimo de lucro que son las únicas que están salvando a miles de personas de una muerte segura. No nos puede dar igual que la UE pague a Libia. No nos puede dejar impasibles que en los campos de refugiados bajo condiciones miserables aparquen a personas durante meses y meses. Personas que intentan suicidarse presas de la desesperación porque no las acogemos, porque hemos incumplido todos los tratos habidos y por haber.

Son las políticas de una UE inhumana las que deben ser tachadas como criminales. Somos nosotros los que debemos exigir y pedir explicaciones y decir basta y hasta aquí. Como tantas veces ha dicho Òscar Camps: “Es el pueblo el que salva al pueblo”. Mañana, frente a las Oficinas del Parlamento Europeo en Barcelona y Madrid y ante todos los Ayuntamientos a las 12 del mediodía nos han convocado para pedir que liberen el barco de Open Arms. Que nos oigan. Que sepan que nos importa. Que no queremos seguir amparando a unos criminales.

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