La rodilla de Piqué

Este miércoles se presentó la decimocuarta edición del libro ‘Relatos Solidarios’ cuyos beneficios irán destinados íntegramente a Proactiva Open Arms. Escrito por periodistas deportivos y apadrinado por Ernesto Valverde, en el acto el entrenador del Barça dejó el protagonismo a Òscar Camps, el director y fundador de Proactiva, que supo aprovechar la ocasión para darnos a todos un merecidísimo tirón de orejas.

Con el barco retenido en Catania por orden de un juez italiano y la sospecha de que pueden pasar meses hasta que puedan volver al Mediterráneo central para salvar vidas, la prioridad para Proactiva consiste en recaudar dinero para comprar un nuevo barco. La visibilidad, la concienciación, estar presente en los medios de comunicación resaltando lo fundamental -están allí porque la UE se ha desentendido e incluso destina fondos para pagar a países como Libia, donde las personas son torturadas y tratadas como animales y evitar así que lleguen a Europa- son claves para conseguir una embarcación. Con Valverde dando la cara y contando que los héroes no son los futbolistas, sino gente como Òscar Camps y en una sala abarrotada por periodistas deportivos era inevitable -porque se trata de nuestro trabajo- que se preguntara no solamente por el libro, la labor de Proactiva o los motivos que habían llevado al técnico azulgrana a ‘enrolarse’ en el proyecto, sino por cuestiones de actualidad.

Con tacto y pidiendo disculpas (“no quiero parecer insensible, pero… ), se formularon cuestiones sobre el estado físico de Messi o Piqué. Óscar Camps se ganó a todos con su sentido del humor contestando incluso con un “Messi está bien, no parece preocupante” provocando las risas de los presentes, para dejar después una reflexión: “Si nos interesara, si pusiéramos todos la décima parte de atención en lo que está sucediendo con estas personas, estos náufragos, de lo que ponemos en la rodilla de Piqué a lo mejor nuestro trabajo no sería necesario”. Pam.

Es imposible no estar de acuerdo con él. No hay nada tan urgente como salvar vidas y, sin embargo, nos hemos acostumbrado a la barbarie como si fuera inevitable, como si no pudiéramos hacer nada, como si no estuviera en nuestras manos, como si no fuera nuestra responsabilidad individual y colectiva. Por supuesto que en una rueda de Prensa en la que el entrenador del Barcelona está presente se le debe preguntar por Messi o Piqué, pero cuando alguien como Òscar Camps nos señala lo mucho que nos preocupamos por cuestiones banales y el bien que podríamos hacer si solo una pequeña parte de esa energía la dedicáramos a cavilar sobre qué podemos generar para que el Mediterráneo deje de ser un cementerio, una fosa común en la que mueren cada año miles sin que ni siquiera sepamos sus nombres o sus historias, le debemos como mínimo meditar sobre ello.

Acostumbrarse al horror, insensibilizarnos ante él, nos convierte en cómplices. Los medios de comunicación estamos viviendo una crisis sin precedentes. La precariedad y los despidos están a la orden del día. Todos los que nos dedicamos a esto lo sabemos, así como la facilidad con la que todos hemos caído en la ‘dictadura del clic’. Polémicas y debates llevados al extremo, tertulianos y columnistas abonados a la provocación constante como medio de vida y encantados de haberse conocido, argumentos airados de parvulario cuyo único objetivo es seguir alimentando programas y páginas webs con contenidos sonrojantes que nos alejan de cuestiones que son prioritarias. Los medios no estamos haciendo bien nuestro trabajo, es cierto, pero también lo es que cuando periodistas que están sobre el terreno y nos cuentan, filman o fotografían lo que sucede nos resulta tan incómodo que preferimos mirar hacia otro lado. No queremos verlo. No es lo más leído, ni lo más visto, ni lo más comentado. Hagan la prueba.

Cada vez que nos escudamos en los demás y no nos miramos a nosotros mismos, en lo que consumimos, de lo que hablamos, lo que escogemos cada vez que abrimos el enlace de una noticia y no de otra, es una oportunidad perdida. Hay periodistas que viven por y para contar esas historias que nos incomodan tanto, tanto, que dejamos de hacerles caso. Y en ese laberinto de “lo que interesa, lo que vende” es donde nos estamos perdiendo porque dejan de financiarles, porque no pueden realizar su trabajo con unas condiciones mínimas, porque dejan de enviarles o publicarles. No se trata, siendo periodistas deportivos o aficionados, de que no nos interese la rodilla de Piqué, sino de poner la noticia en perspectiva y ser conscientes de que somos tan privilegiados que podemos tomarnos una caña mientras comentamos si el central debería descansar o no pensando en la Champions en lugar de tomar decisiones como poner nuestras vidas en manos de traficantes que nos explotan, torturan, violan y envían a un mar inmenso en lanchas de juguete sin combustible suficiente para llegar a ningún lado.

Les propongo un juego para estos días de Semana Santa en la que tantos estarán disfrutando de unos días de descanso: cada vez que pulsen la tecla para abrir un enlace de una noticia apunten qué han elegido. De aquí al lunes, por ejemplo. Estoy segura de que muchos se van a sorprender.

 

  • Comparteix