No estás sola

Todo, absolutamente todo lo que se describe en ‘Hechos probados’ de la sentencia de ‘La Manada’ es una violación. Y con todo lujo de detalles: las felaciones, las penetraciones anales, las vaginales, sin preservativo, ella arrinconada, los gritos. No hay duda: es una violación. Y, sin embargo, los cinco acusados se han librado de la pena de agresión sexual porque a pesar de ser hechos probados y los detalles que, no los digo yo, los relatan en la sentencia, han decidido que es ‘sólo’ abuso. Es decir, que los tres magistrados han descartado violencia o intimidación. 

No sé en qué clase de sociedad estar rodeada de cinco tipos que te doblan en peso y fuerza física, que se van turnando, que “se jactan” (todo está escrito en la sentencia), te roban el móvil y te dejan desnuda en un rincón de un portal no puede estar considerado como violencia o intimidación. No sé cómo puede seguir ejerciendo el magistrado Ricardo Javier González cuando después de ver esas imágenes interpreta que ella estaba disfrutando, que estaba excitada, que lo consentía. No sé muchas cosas, pero sé que es una violación. Porque la descripción es tal cual: una violación.  

No sé cómo reaccionaría yo. Me gustaría creer que soy fuerte y poderosa y sé artes marciales o soy Jessica Jones y  con un par de whiskys encima sería capaz con un leve empujón de dejarles k.o. Me gustaría, pero no lo sé. Y la mayoría de expertos en violencia machista aseguran que, lo más probable, es que yo reaccionara como lo hizo la chica de San Fermín: paralizada por el terror, sumisa y con tal shock que mi mente se desconectaría de mi cuerpo hasta tal punto de ser tan práctica como para pensar solamente en que pase pronto, sea lo que sea, y salir viva. Porque el instinto de supervivencia prevalece sobre todo lo demás.

Sé de la rabia, de la indignación, de cómo he apartado la vista leyendo la sentencia, de la vergüenza que he sentido, las náuseas, pero también del orgullo de ver a tantas y a tantos como yo ocupando las calles otra vez para decir basta, hasta aquí, no más. Que fue una violación, no un abuso. Sé que lo que he leído corresponde a la descripción de una violación. Eso lo sé. 

Sé que ya no nos callamos. Que somos muchas y cada vez más. Que por fin nos hemos dado cuenta de que necesitamos unir voces y gritar bien fuerte para que resulte imposible no ser escuchadas. Que no nos van a callar. Que hemos convencido además a muchos hombres que hasta hace bien poco nos consideraban unas exageradas, unas quejicas y se han dado cuenta de sus privilegios de siglos, de sus bromas machistas sin gracia, de su condescendencia de mierda, de que nos consideraban inferiores y ni siquiera eran conscientes de ello hasta que a base de repetírselo y darles tantos ejemplos, tantos argumentos que son irrefutables, se han caído del guindo. Bienvenidos sean. 

No lo sé, pero prefiero imaginar que si yo fuera esa chica de San Fermín, con solo 20 años y toda la vida por delante, vería con orgullo como muchas y muchos le dieron ayer su apoyo sin fisuras, sin peros, que ella tiene razón y la justicia no se la ha dado, pero que sabemos, lo sabemos, que la tiene y nos ha enfurecido lo que le pasó y le sigue pasando. Que estamos con ella, que no está sola, que volveremos a levantar la voz cada vez que sea necesario hasta que los “hechos probados” se trasladen a una sentencia en la que quede bien claro que lo que le pasó fue una violación y en ningún caso ella tuvo la culpa. Que ninguna violencia sexual se puede dar sin violencia o intimidación. Que ha sobrevivido y que seguir viviendo, saliendo, yéndose de vacaciones o haciendo lo que le dé la real gana es precisamente lo que le hace libre, a pesar de los pesares, que esos sí que no puedo ni imaginármelos.

Sé que no debería demostrar nada más y espero que así sea. Porque ya está escrito. Que fue una violación aunque lo hayan querido calificar de abuso. Y que ni olvidamos ni vamos a olvidar. Ojalá lo sepa. 

 

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