Carta dedicada a un ‘hazmecasito’

Despreciable ‘hazmecasito’: comenzaré diciéndote que no, no quieres mi atención. Eso lo pude comprobar cuando en una cena en la noche de Sant Jordi de repente apareciste en la mesa, te miré y debí asustarte, porque ni te atreviste a abrir la boca y a continuación pies para que os quiero, so cobarde. Quieres pasta, quieres clics, quieres los aplausos y las palmadas en la espalda de los amigotes. Quieres el ruido pero sólo a distancia, porque de cerca sabes que vas a perder por goleada y ni se te ocurre. Eres listo, eso te lo concedo, pero un cobarde de manual.

El por qué me afecta lo que escribes es tan simple como que tienes un altavoz donde has comparado “perder un feto” con tener almorranas sin pedir perdón y te van engordando como una piraña en una charca, sin conciencia ni medida. Soy humana y no pretendo disimular ni revestir de ironía y salpicar con gracietas varias lo que sencillamente me parece una porquería. No pretendo elevarme. Me voy a poner justo a tu altura para que me entiendas.

No es que sea probable, es que es lo que es; que a corto o medio plazo seguramente te van mejor las cosas que a mí económicamente hablando. Te contratan, te pagan más, te citan, te llaman para la tele y tu sueño húmedo debe estar en ser Trending Topic. Con tu pan te lo comas. Pero tú y yo sabemos que no fuiste capaz de contestarme con un argumento un día en el que hiciste de las tuyas en un artículo y cuando me tuviste delante hace unas semanas y te sostuve la mirada, buscándote, retándote, huiste. Lo sabes. Lo que tú haces no es de ser un buen periodista, ni agitas cultural ni socialmente las mentes. Es fango en el que te revuelcas gustosamente.

Ni siquiera eres el más brillante, ni el más culto, ni el más ocurrente. Eres pura provocación y te alimentas de la indignación que generas de manera calculada. A ver, que entre los ‘hazmecasito’, hay premios Nobel. Como Vargas Llosa, por ejemplo. Y otros con sillón en la RAE. Así que estás en la cola, pobrecico. Ya te debe joder, ya. Y ahí andas, socavando la linde, esforzándote por hacerte un hueco, escarbando como una alimaña hasta que se te agote el cuento. Que se te acabará.

Te escribo desde el desprecio y también, por qué no admitirlo, desde la rabia. No por ti exclusivamente, sino por los que como tú siguen aprovechándose de la dictadura del clic y de los jefes que están encantados de tus resultados. La ética os da igual y buscas una clase de reconocimiento del que yo abomino. Seguiré escribiendo con la conciencia limpia cuando tú ya no hagas gracia ni entre los ‘unga-unga’ porque estás al final de la cadena alimenticia y los hay más listos, leídos y con más experiencia para flotar entre la mierda. Es cuestión de sentarse y esperar. Paciencia tengo.

Sabría hacer lo que tú haces, pero me niego porque me asiste la razón y todas las estadísticas y estudios sobre violencia machista que señalan que tipos como tú sois un problema. Y aunque mi cuenta corriente me ponga ojitos de cordero degollado, estoy justo en el lado correcto, donde quiero y debo; porque aquí no hay grises. Como no los hay en el racismo o la homofobia. Aprovecha mientras puedas, mientras te den cuerda, mientras los que mandan –machistas como tú- celebren con risotadas tus ocurrencias con sonoras palmadas entre los omoplatos. Pero tú y yo sabemos que no te atreviste a hablar conmigo ni en público, ni en privado. Entre los ‘señoros hazmecasito’ ahora que las mujeres hemos decidido no callarnos eres el último de la fila y no siento en absoluto decírtelo. Alguien tenía que hacerlo.

Firmado: La zorra.

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