Mariano, el bolso y el recuerdo del “os jodéis”

Mariano Rajoy decidió desaparecer ayer por la tarde y no estuvo en el Congreso. Se perdió justo cuando el PNV le dio la puntilla apoyando la moción de censura de Pedro Sánchez y las tortas dialécticas que se llevó su único apoyo, Albert Rivera. Pero se perdió sobre todo la oportunidad de irse de manera digna, de aguantar sentado en su escaño lo que se temía que iba a pasar y precisamente por eso no fue. En su lugar estaba un bolso, el de Soraya Sáenz de Santamaría, que lo dejó como si le estuviera guardando el sitio.

Desde que un día me robaron el bolso ni se me ocurre dejarlo así de cualquier manera. Lo de menos era el dinero, que no llevaba mucho, sino las tarjetas, la documentación, el teléfono, la libreta, la radio y todas esas pequeñas cosas que hasta que dejé de tenerlas no me daba cuenta de que estaban allí porque las daba por seguras. Pasaban los días y de repente echaba de menos algo que, efectivamente, se habían llevado. Como una foto de Polaroid junto a alguien querido que estaba dentro de un libro. Fue lo que más me dolió perder.

El gesto de la todavía vicepresidenta del Gobierno, tan protector, el “aquí hay alguien” mientras esperaba el regreso de Rajoy me inspiró hasta cierta ternura. Fue solo un momento, un reflejo empático, una debilidad por mi parte. No tardé mucho en caer en la cuenta de que si Mariano Rajoy no estaba allí y su sitio lo ocupaba un bolso era por cobardía y que los ladrones, los corruptos, son ellos. Nadie le iba a quitar el bolso a Soraya Sáenz de Santamaría, pero durante todos estos años a mí, a todos, nos han birlado presupuestos para la Sanidad Pública, para Educación, para las pensiones y para todo aquello que hace que nuestra vida sea mejor mientras se creían intocables. Mientras pensaban que a ellos no les podían quitar nada.

No me hace falta irme muy lejos para recordar a la responsable de comunicación de Moncloa, Carmen Martínez Castro, ante una protesta de pensionistas durante una visita de Rajoy a Alicante a principios de mayo: “¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: ¡Pues os jodéis!”. Así, tal cual. ¿Que quién dimitió entonces? La periodista Arantxa Torres, editora del informativo del Centro Territorial de TVE en Valencia, a causa de la “censura impuesta” al vídeo para que no se emitiera por la cadena pública. Así que, como me sucedió cuando me robaron el bolso, ayer de lo que me acordé fue de lo que me dolió más. Esa prepotencia, esa chulería, ese desprecio intolerable ante los pensionistas que reclamaban lo que es suyo y se han ganado. Así que no, no me va a dar ninguna pena cuando caiga Carmen Martínez Castro. Tengo memoria.

La sentencia de la trama Gürtel ha resultado el zarpazo definitivo hacia un gobierno corrupto que se ha lucrado ante nuestras narices. No tengo ni idea de qué pasará a partir de ahora; fácil no va a ser y vienen curvas porque la cuestión nacionalista será clave y por mucho que se llenaran la boca los unos y los otros ayer en el Congreso sobre el respeto a la “España plural y diversa”, la experiencia diaria me dice que son palabras huecas.

Mariano Rajoy, en una de sus intervenciones por la mañana antes de hacer mutis por el foro, aseguró que él seguirá siendo español. Pues vale, pues muy bien, pues me alegro. Adiós, adéu, agur. Y cuidado con el bolso.

 

Foto: Dani Gago

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