¡Viva San Fermín!

Ojalá pudiera estar hoy en el chupinazo que da comienzo a los Sanfermines. Lo único que no haría jamás de los jamases respecto a otros años que he estado es meterme en la Plaza Consistorial. Lo único. Porque la única vez que lo hice casi me da un jamacuco al sentirme aplastada, balanceada por una multitud y sin posibilidad alguna de salir de allí. Lo demás, lo haría todo igual.

Saldría con mis amigas, cantaría, bailaría, bebería, me reiría y hablaría con gente que no conozco, hombres y mujeres. Disfrutaría de la fiesta. Porque eso es lo que es: una fiesta. Y a las fiestas todo el mundo debería ir con el propósito de divertirse, que para eso están. No es culpa mía si hay animales como los de ‘La Manada’, no es culpa mía si hay cerdos que aprovechan para restregarse o meter mano, no es culpa mía si hay miserables que ven los Sanfermines como el escenario ideal para comportarse como bestias. No lo es de ninguna de las maneras.

Siempre que he ido a Pamplona durante las fiestas yo no he sido la causa de ningún conflicto. Ni por estar, ni por beber, ni por bailar, ni por hablar. Si algo me hubiera sucedido la culpa no la habría tenido yo. La solución de quedarnos en casa para mí es inaceptable. El “es que si vas ya sabes a lo que te arriesgas” como argumento me da nauseas. ¡Claro que sí! Voy a quedarme siempre en casa, sólo saldré de ella acompañada por un hombre. Miraré siempre al suelo cuando vaya por la calle y de paso me vestiré en pleno verano bien tapadita, no vaya a ser que la visión de mis piernas o de mi escote sean reclamos tan poderosos que los animalicos no puedan contenerse y se lancen sobre mí. Por supuesto, nada de bailar, el horror absoluto sería mover las caderas o el culo, levantar los brazos y cantar. ¡Qué escándalo! La que no siga ninguno de estos consejos que sepa que va provocando, so puta, así que después no te quejes.

¿Es ese el mensaje? ¿En serio? Para empezar, la mayoría de las violaciones y agresiones sexuales que sufren las mujeres son en su entorno conocido: familiares, amigos, novios. Para continuar, disfrutar de una fiesta en la calle no es coto privado de los hombres ni debería serlo jamás. El que no se sepa controlar debería estar encerrado, tratado y/o medicado. No yo. No nosotras. Para terminar, me niego a que nos culpen porque no hay nada que pueda justificar, na-da, una violación o agresión. He bebido, he salido desde la mañana hasta la madrugada en Sanfermines y no le he metido mano a nadie, señoras y señores. ¿Alguien me va a dar una medalla? No. Porque no me la merezco por no ser una alimaña.

No soy violenta, disfruto de una vida sexual saludable, no tengo ningún instinto depredador y no veo a los demás como carne, sino como a personas que como yo quieren pasárselo bien. Así que lo único que siento es no poder estar hoy en Pamplona, no las veces que he ido. ¡Viva San Fermín!

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