El Barça no sabe de moda

Reconozco que siento cierta animadversión hacia el pantalón corto masculino fuera de un contexto de ocio (no así a la falda: en la historia del vestido, sugiere dureza varonil). Quizá porque los códigos indumentarios determinan, tal y como recoge la premio Pulitzer Alison Lurie en su magistral estudio El lenguaje de la moda, que las bermudas infantilizan: "Las ropas deportivas del adulto son la ropa diaria del niño." 

Por ello, cuando el martes el FC Barcelona anunció el fichaje del diseñador estadounidense Thom Browne para vestir al primer equipo fuera de los terrenos de juego durante las próximas tres temporadas, entré en pánico. Browne es conocido por, según él, recuperar la sastrería tradicional y actualizarla para el varón de hoy en día. Esta supuesta reinvención del traje clásico (lo clásico no se moderniza, señores) consiste en encoger el vestido (léase, ridiculizar al hombre). Primero lo hizo con los bajos provocando que miles de hipsters calzaran zapato duro sin calcetín (martirio merecido por el simple hecho de ser hipster) y después, acortando el pantalón por la rodilla para poder introducir calcetines deportivos dispares y asimétricos. Y aunque algunos quieran otorgarle también el mérito de los trajes entallados para caballero; fue Hedi Slimane con su traje "slim" para Dior el verdadero responsable de esta tendencia (por cierto, caduca ya desde hace un par de años).    

"Esta firma estadounidense de alta costura vestirá a los jugadores y a los técnicos del primer equipo del club y con este acuerdo nuestros jugadores seguirán siendo referentes tanto dentro como fuera del campo", destacó el president Josep Maria Bartomeu sobre el acuerdo. Y con esa afirmación confirmé que el club sabrá de fútbol y marketing, pero no tiene ni pajarera idea de moda... 

Lo que llamamos Alta Costura, en francés Haute Couture, es la gama alta de la moda: modelos exclusivos y de lujo, con fabricación artesanal en el que se dedican hasta 600 horas de trabajo en cada pieza. En la Alta costura no hay fabricación en serie. Cada modelo es único y debe adaptarse a la persona que lo compra. Es decir, se hacen modificaciones de acuerdo con cada cliente y normalmente las realiza el propio diseñador en su atelier. Un vestido de Alta Costura cuesta una media de 25 mil euros y, por lo tanto, los consumidores de este tipo de prendas son muy pocos (aunque muy fieles). El término Haute Couture está protegido como parte del patrimonio artístico y económico de Francia y sólo puede ser empleado por compañías que cumplen con los estrictos estándares definidos por la Chambre Syndicale de la Couture (una docena de firmas en todo el mundo y que, por supuesto, no incluyen a Thom Browne). 

En cambio, el Prêt-à-Porter se sitúa entre la Alta Costura y la ropa de confección (la que compramos en las tiendas y comercios de nuestro barrio). Son ropas "listas para vestir". Una ropa con diseño y tejidos muy cuidados pero que no son únicos. Son fabricados con máquinas, y no manualmente como los de Alta Costura. Se hacen distintas tallas de cada modelo y se reproducen en serie, aunque algunas veces existen series limitadas.

No sé si Messi, Piqué y compañía aceptarán enfundarse el uniforme de Browne, pero le agradecería al FC Barcelona que ya que pretenden acercarse al mundo de la moda empiecen a distinguir el producto que han elegido para sus jugadores. Y si querían sastrería clásica,  Brioni o Tom Ford. Y si querían apostar por ser tendencia estética deportiva, su hombre era Virgil Abloh. 

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