El superpoder de un tutú

Tiene su gracia que en una prenda aparentemente tan frágil y delicada como lo es una falda corta de tul hallemos hoy un mensaje de reivindicación feminista. Pero como tan acertada e inteligentemente repite la prestigiosa abogada catalana Carla Vall: “Ser tendre és ser poderosa“. Así que gracias a Serena Williams, el atavío propio de una bailarina de ballet clásico ha pasado a evocar la fuerza de la mujer del siglo XXI…

La tenista estadounidense volvía hace unos días a un Grand Slam, un año y cuatro meses después de jugar su último partido en este tipo de torneos (y nueve meses después de haber sido madre). Lo hacía a lo Black Panther, vistiendo un ajustadísimo uniforme de licra negra de una sola pieza a la que añadía una banda roja en la cintura. Más allá del impacto estético, la función más importante del atuendo era evitar la formación de coágulos de sangre: "Mi vestido representa a todas las madres que han tenido un duro embarazo, han tenido que regresar y estar al 100% en medio de la tormenta y tienen la confianza de volver a ser ellas mismas. Ellas son superheroínas". Pero pese al mensaje y la funcionalidad, Bernard Giudicelli, presidente de la Federación Francesa de Tenis, tachó el modelo de código indumentario "inaceptable" y lo vetó para próximas ediciones.

"Puedes sacar al superhéroe de su traje, pero nunca podrás quitarle sus superpoderes", le advirtió a Giudicelli la marca Nike, responsable del vestuario de Williams. Así que cuando llegó el US Open, la tenista no dudó en mostrar su disconformidad hacia las retrógradas reglas indumentarias del deporte, especialmente las que afectan a las féminas, de una forma muy original. Optó por lucir un tutú negro y otro lilade Virgil Abloh (director creativo de la colección de hombre de Louis Vuitton) para la colección Queen de Nike.

Pero la polémica por el atuendo femenino de las tenistas no acabó ahí. En el mismo torneo, un árbitro sancionó a Alizé Cornet por recolocarse discretamente la camiseta -llevaba un sujetador deportivo debajo- al fondo de la pista. Según el juez, la número 31 del mundo acababa de violar el código de conducta referido a la vestimenta. "No está bien, no puedes quitarte la camiseta así sin más", le dijo, ante los gestos de incredulidad de la tenista.

Sin duda, una norma sexista que no se aplica a los hombres, que sí pueden cambiarse la camiseta en los descansos aun cuando no lleven nada debajo de la misma. Tal fue el escándalo y la presión de las redes sociales al virilizarse el caso, que al US Open no le quedó otra que eliminar esa regla tácita por injusta. A Cornet se le levantó el castigo, se le pidió perdón y su caso sienta ya un precedente satisfactorio para todas las jugadoras.

Conscientes o no, otra vez, a causa de la mirada de estos dos hombres retrocedimos unos 200 años la civilización... Porque si uno analiza la evolución del atavío de las jugadoras de tenis desde finales del siglo XIX (que se jugaban su reputación si decidían no vestir falda larga, enagua, corsé, medias, botas, blusas de mangas larga, grandes cuellos con lazadas, hombreras y guantes) hasta hoy (cuando hay que concienciar sobre los trajes postparto para las deportistas de élite), descubrirá la poca superficialidad que esconde la ausencia o presencia de un trozo de tela en la lucha política y social feminista.

 

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