Aquesta foto

Lo reconozco. Esta foto de Olga Suanya (@osuanya) logró cerrarme la boca. Tan enfrascada estaba en recriminar a Palau el poco mimo que tienen con la imagen del MHP que casi me pierdo esta joya de la semiótica visual tomada en la plaça Sant Jaume en la diada de la Mercè. 

El castillo humano puede parecer aparentemente una fortificación endeble pero la resistencia, fuerza y empeño de la base sostiene la belleza, sensibilidad, equilibrio de un pueblo. Todo un esfuerzo conjunto, común y social para que la canalla i l’enxaneta, l@s más pequeñ@s (las nuevas generaciones, el futuro), rocen y coronen el cielo (la divinidad, los sueños e ilusiones que en la Tierra, muchas veces estúpidamente, nos negamos). E incluso, cuando se descarga la estructura se hace con orden, parsimonia y alegría. No es un momento triste porque por un instante se alcanzó la gloria de las alturas (la libertad); o si se desmontó o fa llenya, más importante incluso, por lo menos se luchó por ella.

Sí, se trata de un alzamiento. Un alzamiento contra las leyes naturales, mentales, estructurales y cualquier otro tipo de impedimento que provoque sacudidas. Els castells son un símbolo de Catalunya porque retratan bien la disponibilidad de un pueblo abierto, inclusivo que se abraza (alía) para sacar a flote todo objetivo que se plantee. La colla, aunque uniformada, agradece que te sumes al grupo (seas como seas y vengas de donde vengas); que soportes la carga física y emocional que comporta tomar el camino más directo, aunque complicado, hacia el firmamento. Els castells nos retratan en las celebraciones de las festes majors pero también en la pena y el duelo: "fem pinya i amunt!" Porque no hay rendición posible, demostrando que todo lo que se derruye ofrece la hermosa oportunidad de crearse de nuevo y con mejores cimientos (conocimiento, convencimiento). 

Es fácil que la estética castellística evoque belleza (armonía visual). Ya en 2016 la fotografía de Mieria Comas en la que dos castellers celebraban la ascensión con un beso se hizo viral. La camisa, la faja, el pantalón, el pañuelo, la fatiga (…) y la música (¡a quién no se le eriza la piel cuando oye el Toc de Castells y siente que nada es inalcanzable!).

"Quan de forma espontània el President s’arremanga i baixa a fer pinya. I no és una metàfora", escribía Suanya en su cuenta de Twitter al publicar sus fotografías. En el retrato, la emoción reside en el hecho de que Quim Torra sea uno más pero sin perder un atisbo de liderazgo. Se ha arremangado (manos a la obra) y sumado al ascenso del pueblo (comunidad). Y pese a haber abandonado su posición (presidir el balcón del ayuntamiento), la camisa blanca permite distinguirlo como el president de la Generalitat de Catalunya. Por fin, por su naturalidad, belleza y magia, un retrato que podría competir con una estampa de Pete Souza (fotógrafo de Obama), Soazig de La Moissonnière (Macron) o Adam Scotti (Trudeau). Por fin alguien capta la humanidad del president sin restarle seguridad ni seriedad al hombre. Por fin vuelvo a reconocer el carácter del Quim Torra que vestía una gorra con orejeras. #loveSuanya

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