Misterio Bale

El madridismo entero tenía depositadas muchas esperanzas en Gareth Bale. Tras la salida de Cristiano, veían en el galés a su nuevo líder, el sucesor natural para tirar del carro del Madrid de Lopetegui.

El entrenador era consciente de su problema con las lesiones y quería dosificarle, poner a su disposición todos los planes específicos necesarios para que aguantara. Sin embargo lo que no esperaba es que las lesiones de Bale serían un misterio por resolver.

Nadie en el club tiene una explicación razonable. Desde hace tiempo, Bale se queja, dice que le duele, pero los médicos lo evalúan, le hacen pruebas y no sale nada.

“Tiene una cosita” apuntan desde el cuerpo técnico. Estamos ante el nuevo Prosinecki, Robben, Gabi Milito... Un futbolista frágil, demasiado propenso a caer lesionado, un jugador de cristal. En la directiva del Madrid los más veteranos le comparan con Jonathan Woodgate, un jugador que se quejaba, pero que nunca supieron a ciencia cierta qué lesión tenía.

Lopetegui y su cuerpo técnico compienzan a resignarse, a entender que Bale nunca podrá comer en la misma mesa de Cristiano porque su físico no se lo permite. Pero quizá no sea solo físico, porque empiezan a pensar que también hay mucho de mental. Hablan de un miedo real a lesionarse, de un problema de cabeza. El mejor ejemplo lo hemos tenido en las últimas semanas. Bale tuvo que ser sustituído en Vitoria, se quejó ya al descanso de unas molestias. Sin embargo se fue con Gales, sin parte médico porque no hay nada que pueda contarse en un parte. Le pidieron por orden directa del presidente que pensara en el Madrid y no arriesgara jugando en el segundo partido ante Irlanda. No lo hizo, pero ha vuelto a Madrid, se ha presentado ante los fisios, les ha contado que le sigue doliendo y le han puesto a entrenar al margen. El plan es darle un regreso progresivo para que ante el Barça esté al 100% y rezar para que no vuelva a torcer el gesto.

Pero en la directiva cada vez tienen más claro que debe ser el próximo en salir. Además aún tiene nombre y cartel para sacar, como mínimo, tanto como por Cristiano.

El mejor ejemplo de que nunca ha querido adaptarse es su nulo interés y capacidad para expresarse en español. Incluso Lopetegui le tiene que hablar en inglés. Dice que lo entiende, pero que le da vergüenza expresarse. En el vestuario no ha tenido ni tiene amigos. Es solitario y se sociabiliza más bien poco. Quedará como un futbolista que ganó muchos títulos en el Madrid y que incluso marcó goles importantes en algunas finales. Pero no transmite nada, ni carisma ni simpatía entre los aficionados. Se irá por la puerta de atrás. Porque nadie olvida que la noche de Kiev también aguó la fiesta de la Champions diciendo que quería jugar más. Ahora le ofrecen más minutos, pero sigue con su extrema fragilidad. Se van dando cuenta de que Bale está en la rampa de salida del Madrid.

 

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