Pobre Julen

En el fondo debo reconocer que no me gusta ver cómo han despedido a Lopetegui. Es indudable que en este tipo de situaciones el entrenador es el primero en caer. El fútbol no tiene paciencia. Suena a tópico, pero es una gran verdad. El equipo no funciona, noveno en Liga, habiendo perdido la Supercopa y tras encajar una manita en el Camp Nou. Pero la crisis del Madrid no se explica sólo desde la figura de Lopetegui, hay un cúmulo de circunstancias que no pueden quedar al margen, pero aquí, como casi siempre, ha vuelto a pagar el eslabón más débil.

El más fuerte es seguramente Florentino, con el poder que le otorga haber ganado cuatro Champions en cinco años, se sabe con la autoridad para prescindir de Lopetegui y buscar un cambio drástico de rumbo. El contundente comunicado expresa el sentir del presidente. Entiende que con la plantilla que tiene no puede ir con estos resultados por la vida. “Con ocho candidatos al Balón de Oro no se pueden obtener los peores números en 60 años”.

A Florentino le gustaría señalar directamente a los futbolistas, pero sabe que es mejor encontrar a un gestor que sea capaz de devolverles la ambición perdida.

En ese sentido, el vestuario se ha negado en rotundo a la llegada de Conte. Los informes que los compañeros de selección le pasaron a Sergio Ramos no pueden ser peores. Y el capitán se lo dejó claro al presidente, antes Solari que Conte.

Por si fuera poco, Conte acabó fatal con Hazard, el objetivo número uno para reforzar la delantera. Si ahora llega Conte, el belga se queda en Londres. Pero lo más importante de todo es que tirar ahora de un perfil como Conte, al que comparan con Mourinho, arrastraría, en caso de nuevo fracaso, al mismo Florentino.

Por eso Solari actúa como parche para ganar tiempo mientras se busca un mejor sustituto de Lopetegui. Estará en Copa, en Liga el próximo fin de semana y quizá siga hasta el parón. Servirá para ganar tiempo. Algunos de los nombres que están encima de la mesa son de lo más surrealistas. Pero desde las oficinas del Bernabéu no se descarta nada. El gran problema es que no hay un gran entrenador en el mercado y que los jugadores también tienen parte de culpa. Modric no puede con sus piernas, Marcelo no deja de lesionarse, Varane acusa el desgaste del Mundial, Marco Asensio va camino de ser Özil, Benzema está perdido y Bale no es ni será líder jamás. Y ya no está Cristiano, que hay que reconocer que siempre era garantía de gol y competitividad.
Zidane se fue porque ya no era capaz de lograr que estos jugadores siguieran motivados. Y tampoco se ha hecho la limpieza necesaria en el vestuario para arrancar un nuevo ciclo. No tiene pinta de que alguien lo vaya a arreglar esta temporada. Pero con Solari, fan número uno de Messi y que en su día incluso llegó a criticar la gestión de Florentino, el presidente trata de ganar tiempo y atinar con la solución. Pero aunque pocos lo crean, Florentino no tiene crédito ilimitado.

 

 

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