Asia Bibi y la “blasfemia”

A veces sólo te nace escribir cuando hay algo que de verdad te indigna, cuando hay algo de lo que sientes que quieres hablar.

Han liberado a Asia Bibi esta semana, mientras hablábamos de libertad de expresión, banderas y gags humorísticos. Lo han hecho después de 8 años de prisión en Pakistan, en los que estaba en el corredor de la muerte.

Que haya pasado 8 años en la cárcel es inhumano e imposible de entender. Sus vecinas la denunciaron diciendo que había dicho unos comentarios despectivos sobre el profeta Muhammad y fue acusada de blasfemia por una ley que se estableció bajo colonialismo británico para, en principio, evitar choques religiosos.

Por lo que se sabe ahora, Asia Bibi vive en una especie de libertad clandestina, incapaz de moverse libremente por miedo a lo que le pueda pasar pero sin poder salir del país, por lo menos de momento.

Ver todo esto da miedo, preocupa, repugna y hace pensar. La defensa de la libertad de expresión es clave, nunca podremos entendernos en sociedad sin ella. Tenemos que ir incluso más allá, esa libertad de expresión no significa dar libertad a los demás para “que me ofendan” sino aprender a no ofenderse tanto por lo que los demás dicen de las creencias de uno. Que nos puede gustar más o menos, claro está. Igual de claro que ante una opinión negativa, uno intentará hacer lo posible para que cambie, pero en ese “hacer lo posible” no puede estar coartar la libertad de las personas o utilizar alguna forma de violencia.

Los extremistas buscan justificar con la religión su actitud intolerante. Decir que aquello les ofende debido a sus creencias y que, por lo tanto, no pueden permitirlo.

Aquí hay dos cosas. Por un lado la libertad, imposible de negar, de que cada persona exprese su opinión libremente, nos guste más, nos guste menos, nos importe más o nos importe menos. La libertad de opinar y criticar.

Por otro lado va algo más importante aún, y sin lo que difícilmente existirá lo primero. Si yo creo en algo o respeto algo, ¿realmente pierde valor simplemente porque otra persona lo critique? ¿Qué mundo es este en el que nuestras creencias son tan frágiles que no podemos permitir que nadie las cuestione?

Mis viernes, mis ayunos, mis momentos de reflexión no cambian, ni se debilitan, ni se hacen peores porque Asia Bibi critique, si es que realmente lo hizo, al Profeta. Cambian cuando en mis momentos de reflexión tengo que pensar si realmente es posible que haya gente que practica la misma religión que yo y que está pidiendo la muerte de una mujer por algo que ha dicho.

Cambian cuando veo el vídeo de un niño que reclama la ejecución de una mujer a la que no conoce por algo que ni entiende. Y pienso, qué podemos hacer para que esto deje de pasar. Qué hacer para que la gente de nuestro alrededor entienda que la libertad de expresión es vital y que no debilita ni amenaza tu ser.

Todos estos cambios me han llevaron a artículos de numerosos teólogos e islamólogos, entre ellos Omar Soulaiman o Mohammad Elshinawy de Yaqeen Institute, en los que hablan de cómo el propio profeta reaccionaba ante las críticas o burlas que recibía. Cómo es aquello que dicen… si levantara cabeza.

Asia Bibi tiene que salir de Pakistán y espero que pueda hacerlo pronto, pero el cambio necesario es más profundo aún. No pueden seguir existiendo leyes e instuticiones que coarten las libertades de las personas, y menos aún que lo hagan escudandose en ninguna religión.

En este caso, como en muchos otros, no en mi nombre.

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