Desilusión

Se para la Liga y llega el turno de la Selección Española. O, lo que es lo mismo, la pasión deja paso al desencanto, zozobra y desasosiego. 

Atrás quedan los tiempos en los que la Roja ilusionaba y los aficionados disfrutaban con sus partidos. Adiós a Puyol, Piqué, Iniesta, Xavi, Pedro y Villa. Eran otros tiempos. Era un fútbol que, a los que no eran culés, les servía para poder elogiar un estilo que sólo veían en formato azulgrana. Tras los fracasos en los Mundiales de Brasil y Rusia, el seguimiento por la Selección ha caído en picado. El polémico despido de Lopetegui ha sido el mayor repunte de atención. Y fue en clave negativa.

Llegados a este punto, Luis Enrique ya se está encargando de transmitir que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ahora toca entender que España ya es una selección del montón y que el interés que genera ha caído en picado. 

Ramos se ha quedado bastante solo en su voluntad de liderar la transición hacia la nueva generación. Pero el capitán también flaquea en su compromiso. El último ejemplo ha sido lo del partido ante Bosnia. Ramos pactó no viajar a Las Palmas bajo el pretexto de unas molestias musculares que, casualmente, no le impidieron acudir al campeonato en el que su caballo se proclamó campeón del mundo. 

No, la Selección Española ya no ilusiona y además se suma un contexto político que fomenta el vínculo sentimental al equipo nacional español. Es decir, ahora se mira con recelo a los jugadores catalanes y se pide que los futbolistas que visten la camiseta de España no sólo valgan, sino que además se emocionen con el himno. Cuando eso no ha ocurrido jamás. Para muestra, las declaraciones de ex internacionales como Guardiola o Xavi. Eso afecta en especial a los jugadores catalanes, aunque hay otros como Diego Costa que transmiten poco sentimiento de pertenencia. Y eso, para los que buscan identificarse también en cuestión de patriotismo provoca mayor desilusión. 
Pero España tiene que acostumbrarse a que la realidad del Estado en sí es la que se transmite en cada uno de sus territorios. Así se llegó a ganar un Mundial y dos Eurocopas y sólo así se volverá a la senda de los éxitos. 
Los debates actuales suelen ser estériles. Los que critican duramente a De Gea lo hacen dolidos por cómo acabó Casillas. Los que señalan o elogian a otros jugadores responden a sus propios colores o amiguismos. Y, por encima de todo, una realidad absoluta. La Selección Española está siempre por detrás de los equipos. Ni en un territorio como Las Palmas logra llenar el estadio. Pocos conocen a los últimos jugadores llamados por Luis Enrique. Además, se han inventado una competición que nadie sabe cómo funciona. El único objetivo ya es estar en la Eurocopa de 2020. Y no será tan fácil como algunos creen. 

 

  • Comparteix