La gracia de Winnie the Pooh

Durante la visita a España del presidente chino, Xi Jinping, la policía le pidió al hombre que se disfraza de Winnie the Pooh en la Plaza del Sol de Madrid que se alejara durante unos minutos para no ofender al mandatario.

El caso es que en 2017 China prohibió al personaje infantil. Lo hizo porque al mandatario del gigante asiático le molestaba que le encontraranun parecido razonable con Winnie the Pooh. Una fotografía del líder chino caminando junto a Barack Obama que recordaba a una imagen del osito de dibujos animados y su amigo Tigger dio paso a la chanza en redes sociales. Desde entonces, todo gesto o postura de Xi Jinping encontraba su réplica en Winnie the Pooh

Cualquier asesor mínimamente ávido le hubiera sacado partido a la similitud propuesta (al fin y al acabo, se está comparando a un mandatario tildado por muchos de tirano con un tierno osito...); pero estéticamente no supieron convencer al presidente chino para que se riera y disfrutara de la amable caricatura que sus detractores habían propuesto.

Siempre se ha dicho que para hacer humor y apreciarlo hacen falta altas dosis de inteligencia. Añadiría también de autoestima. Una persona que no tenga seguridad en sí misma no puede ponerse a hacer el payaso (a mofarse de sí misma); y una persona que no confía en sí misma (físico, ideas, principios, valores...) siempre interpretará la broma como un ataque. Es cuando alcanzamos la madurez mental y emocional cuando entendemos que la gracia no es una amenaza, aunque se estén mofando de la convicción más sagrada que guardemos; sino que es nuestra falta de confianza y seguridad la que provoca y permite que esa burla pueda herirnos.

Y cómo debe andar la autoestima de este país para que un cómico sea citado a declarar por sonarse los mocos con la bandera; mientras pocos parecen percatarse de que los mayores agitadores de la enseña patria la enarbolan para usos mucho más deshonrosos (robar, generar odio, seguir en el trono...). Por cierto, esto último ni es broma ni tiene puñetera gracia.

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