La primera

Se llamaba Kelly Quiñonez, tenía 17 años y estudiaba Bachillerato en un instituto de Reus. Su novio, de 19, es el único sospechoso de su muerte. Kelly murió decapitada y su presunto asesino se lanzó después desde un quinto piso y murió horas más tarde. Si se confirma, Kelly será la primera víctima de la violencia machista en Catalunya en el 2019. Y lo peor es que sabemos que no será la última.

Kelly sería la primera menor asesinada, la sexta mujer en solo un mes, hay tres casos que aún están siendo investigados y tres menores que han quedado huérfanos. Escuchamos las cifras, los números y nos habituamos como si fueran normales, cotidianos. Te levantas por la mañana, te tomas un café y hay un nuevo caso de violencia machista. Esa normalidad con la que aceptamos el horror es la que más me espanta. Porque significa que la hemos incorporado a nuestra vida rutinaria sin darle demasiada importancia. Escuchamos la noticia, hay quien murmura “vaya, otra”, y seguimos como si nada hubiera sucedido.

Para que aceptemos y entendamos que el machismo mata, que es un sistema, una maraña en la que nos vemos envueltas y devoradas es necesaria, prioritaria, la educación. Dejar de repetir patrones de amores románticos que en realidad son manuales de dominación y sumisión en los que los hombres deben mandar, controlar, tienen el poder y las mujeres objetos de placer y programadas para complacer, calladita estás más guapa, es clave.

Todos los estudios sobre violencia machista desmontan mitos sobre la clase social, la edad, la procedencia y señalan que el problema es transversal. A cualquiera que haya visto ‘La Bella y la bestia’ y crea que eso es el amor, que eso es una relación, que aguantar los desprecios y gruñidos porque “los amores queridos son los más reñidos” y después poder así redimir al pobrecito que no se sabe controlar para vivir felices como perdices para siempre, vas y le cuentas las estadísticas.

La inconsciencia, perpetuar esos patrones hasta el infinito y aceptar que día sí, día también, desayunemos con el último asesinato machista sin pestañear siquiera, que mensajes como los de VOX, que señores columnistas que juegan a ser ‘enfants terribles’ y provocan y generan clics, son también unos inconscientes en el mejor de los casos no exime de la responsabilidad. Porque la primera no será la última. Lamentablemente.

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