Queridos aliados

Cada acción tiene una reacción. Y desde que las mujeres decidimos no callarnos y denunciar en voz alta también las pequeñas violencias cotidianas, esas que habíamos normalizado y aguantábamos en silencio, como las hemorroides, han aparecido desde los que aseguran que vivimos bajo el peligro de un feminismo supremacista radical como VOX a los que que se lamentan amargamente porque ellos no son así, sufrieron de niños por ser sensibles y ahora se sienten señalados con el dedo.

De los primeros, los de VOX que quieren acabar con la Ley de la Violencia de género y pretender purgar en Andalucía a los que han trabajado para ayudar a las víctimas, no hablaré esta vez. Hoy me preocupan los que se proclaman aliados del feminismo y no han entendido nada.

Cuestiones básicas:

Cuando hablamos de la violencia machista no nos estamos refiriendo a todos los hombres, sino a los machistas. Si una mujer denuncia que se ha sentido intimidada en espacios públicos o que tiene miedo y acelera el paso por la noche en la calle la reacción debería ser empática. Pero es que además no es una, son muchas. Y no están hablando de ti, santo varón, así que si te das por interpelado el problema es tuyo, individual y no colectivo.

Cuando te ofendes porque de pequeño se reían de ti porque llorabas, no eras el más fuerte de la clase y te llamaban nenaza o marica y ahora crees estar bajo sospecha porque el feminismo te está metiendo en el mismo saco, rebobina, escucha y lee. El feminismo aboga por la igualdad entre hombres y mujeres y denuncia y pone el foco en el sistema social y educativo en el que a ti tampoco te dejaron ser un niño sensible, sino que debías ser un machote alfa para encajar. Tú, querido amigo, también has sufrido el machismo. Alguien tenía que decírtelo.

Cuando una mujer se decide a hablar y contar experiencias traumáticas, escucha. Limítate a escuchar. Si lo hicieras en lugar de darte golpes en el pecho y proclamar “yo nunca, jamás”, te darías cuenta otra vez que no están hablando de ti. No te están atacando a ti. No sienten miedo de ti. No te perciben a ti como a una amenaza. Así que cállate un rato y escucha.

Cuando creas que tú “nunca, jamás”, escarba un poco. Porque yo también he sido cómplice del machismo. Me he callado en determinadas circunstancias ante comentarios y hechos para no quedarme fuera del grupo, de la manada. He juzgado a mujeres por su aspecto físico y/o su manera de vestir. He asociado la masculinidad con una mayor y mejor capacidad profesional. He esperado a que un hombre dijera lo que yo pensaba para darle validez. He buscado la aprobación masculina, que es la dominante, para encajar y buscar mi lugar en el mundo. Me he equivocado tantas veces… Así que no, es imposible que tú “nunca, jamás”. Porque has vivido en la misma sociedad que yo, has sido programado como yo, inconsciente como yo. Se trata, simplemente, de pensar un poco y te darás cuenta.

Así que, querido aliado, si de verdad estás a favor del feminismo deja de ofenderte y rema, que la corriente sigue siendo en contra y viene fuerte.

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