Caminos

Roma le sigue pesando, pero su espalda camina ya más erguida. Reforzado por la renovación, ha dado un paso al frente. Más de uno, diría. Sus decisiones han sido clave para seguir aspirando a todo. Ha elegido un camino peligroso, por alejarse del estilo innegociable. Los resultados le han dado la razón. En cuanto llegaron las situaciones límite, debió elegir entre ganar o jugar bonito. Tomó la primera opción. Gustará más o gustará menos, el trazado será más o menos sinuoso, pero permite conducir hacia los títulos. Valverde se ha destapado al fin como la mano que agita al árbol. Lejos de pasar inadvertido, se ha manifestado en su versión más intervencionista. El equipo lo ha agradecido. La crítica, al menos una parte, lo ha comprendido. Y lo más importante, Messi le ha bendecido.

El descanso en el Pizjuán marcó un antes y un después. Aquellos quince minutos cambiaron al equipo. Y cambiaron a Valverde. Mutó el dibujo, y con él varió el rumbo de una Liga que de complicada pasó a encaminada. Se creció el técnico, que intervino también en el doble duelo ante el Madrid. No fue el Barça del ADN. Del toque se pasó al puñal. De ser paciente a ser letal. Se salió del Bernabéu con una final de Copa y tres cuartos de Liga en el bolsillo. Ante el Lyon, doble versión. El Barça más fiel a sí mismo para encarrilar a partir del balón, y el Barça de los espacios para sentenciar el pase. Ante el Betis, de nuevo el equipo aprendiendo a ganar sin posesión. Esta es la enseñanza de Valverde. Su Barça sabe jugar con pelota, pero no le hace ascos a hacerse fuerte atrás para resolver a base de latigazos. ¿Traición al estilo? Más bien practicidad. Hay momentos y rivales para todo.

Así lo defendió también un tal Leo Messi. Tras su enésima exhibición para el recuerdo, celebró en el césped del Villamarín la manera como Valverde había planteado el partido. Al técnico se le juzgará, por encima de todo, por los títulos. Ganarlos pasa por leer los momentos. A día de hoy, Valverde pide ir a lo práctico. Cada partido y cada rival requieren una receta. Si hace falta, se gana sin balón. Es la aportación del técnico al Barça. El camino a los títulos no pasa ya por arabescos, hay momentos en que toca poner la directa. Los resultados y Messi avalan el plan. La evolución no es mala. La amplitud de recursos menos. El Camp Nou se hace a la idea. Mientras se sueña con el triplete, el Barça va empatizando con el camino trazado por Valverde.

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