El juez que ríe

Sonríe siempre. No sólo en el juicio del 1-O, no, no... Siempre. Sin mucho ahondar, en youtube se encuentran rápidamente 3 vídeos de Antonio del Moral (conocido popularmente como "el juez que ríe"). Y hace exactamente lo mismo. Que ofrece una charla sobre "juicios paralelos", sonríe. Le hacen una "entrevista", sonríe. Y, por supuesto, si le preguntan sobre el cannabis, sonríe (y supongo que si le ponen de fondo a Bob Marley, se parte).

Así que en realidad su sonrisa, aunque nos lo haya podido parecer, no pretende ofender o provocar a nadie. La sonrisa de Moral forma parte de su comportamiento base. Algunas personas, introvertidas o tímidas, emplean la sonrisa como escudo. Socialmente, la cultura del optimismo y el no molestar nos anima a sonreír siempre, aunque no tengamos ganas. Verbalmente también lo hacemos; si te preguntan cómo estás debes contestar bien (aunque te estés muriendo). Compartir el sufrimiento es de working class, la educación aristócrata nos ha inculcado que la externalización de las emociones debilitan y ahí andamos todos intentando reprimirnos (con lo malo que eso es). Pero, eh, la sonrisa puede hacernos mejorar un día y además es gratis. ¿A quién puede molestarle una sonrisa?

Hay tantas sonrisas como personas. Y, por supuesto, no todas tienen un carácter amable, servicial o humano. De hecho, el origen de la sonrisa se cree que parte de un gesto agresivo. Los primates enseñan los dientes para amenazar e informar de que son capaces de atacar y, por eso, los otros primates que no se sienten lo suficientemente poderosos físicamente para un enfrentamiento contestan también enseñando la dentadura pero sin apretarla (eh, tranqui, si yo sólo quiero ser tu friend). Las hay cínicas, perversas, seductoras, vacilonas e incluso tristes (la comisura del labio bajo). De hecho, el tipo de sonrisa no se califica tanto por el movimiento de la boca sino por el de la mirada. Si uno quiere averiguar si una sonrisa es sincera (afectuosa) debe mirar si los ojos sonríen, porque puede que los labios ni se hayan inmutado.

A priori, la sonrisita de nerviosismo o simplona es inofensiva. El problema aparece cuando alguien la practica en situaciones delicadas o ante desconocidos que pueden malinterpretarla. Hay personas que en un funeral sonríen. No significa que no estén tristes, simplemente es su manera de protegerse del dolor que les representa esa situación. En mi opinión, un caso muy cruel de análisis de este tipo de sonrisas fue cuando algunos medios de comunicación y contrarios a Ada Colau sugirieron que en el homenaje de las autoridades a las víctimas del atentado del 17A en Barcelona, la alcaldesa no sentía lo sucedido porque sonreía. Primero, Colau es de las que utiliza la sonrisa como parapeto. Segundo, como se podía ver en el vídeo que capturó el momento, una mujer entre el público la estaba intentando animar y ella respondió con una sonrisa para no emocionarse más y empezar a llorar ante los reyes (lo que hemos comentado antes, en general, la realeza es educada para no exteriorizar en exceso sus sentimientos, ni positivos ni negativos).

También recuerdo cuando la CUP decidió votar en contra de la investidura de Artur Mas y salió una chica joven a comunicarlo en rueda de prensa. Aunque verbalmente manifestaban que "estaban tristes" por el difícil momento que vivía el país, la joven no paraba de sonreír. Y claro, el gesto se interpretó (fuera o no esta su intención) como a una burla a la política y ciudadanía catalana que seguía paralizada y en sus manos.

La sonrisa del juez que ríe nos molesta principalmente porque a algunos no nos hace ni puñetera gracia que 9 personas estén en prisión preventiva desde hace un año y medio por permitir votar en un referéndum. Eso y que la mirada del juez es de soberbia (desprecio cuando arruga la nariz y cinismo cuando se trata de una media sonrisa). Alguien en Twitter me indicó que se trataba de la típica sonrisa del Opus. La descripción dibujó inmediatamente en mi rostro una sonrisa...

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