El probema de leggin (tu mirada)

Una vez más, una pieza de ropa se ha convertido en "inmoral". "El problema del leggin" es la carta abierta que "una madre católica" escribió al diario The Observer, publicación de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU), en la que habla del respeto a las mujeres en función de esta prenda... "En este mundo de videojuegos y vídeos musicales, las madres católicas tenemos difícil explicar a nuestros hijos que esas mujeres son hijas y hermanas de alguien. Que las mujeres deben ser vistas como personas para poder ser respetadas", explica.

Todo empezó, narra Maryann White, cuando en una misa con su familia tuvieron que ver a un grupo de jóvenes vestidas con ropas ajustadas y blusas de cintura alta que dejaban fuera de la imaginación cualquier parte de la anatomía inferior de aquellas chicas. La mujer insinúa que el leggin es responsable de los actos de los hombres que no pueden evitar ver en ellos cuerpos desnudos... "No quería ver esos cuerpos desnudos pero eran inevitables. No andamos desnudos porque nos respetamos a nosotros mismos, queremos ser vistos como personas y no como cuerpos. ¿Puedes pensar en las madres la próxima vez que vayas de compras?", suplicaba esta "madre católica"...

Por suerte, la respuesta no tardó en llegar, y en las redes miles de mujeres iniciaron el movimiento #LeggingsDayND, día del leggin en la Universidad de Notre Dame, para reivindicar su derecho a ir con esta prenda, llenando Twitter de imágenes en las que sonríen y muestran cómo llevan los leggings con normalidad. Porque sí, porque las mujeres somos bípedas, tenemos culo, vagina, pechos y quizá en 2019 fuera bueno empezar a asimilarlo.

Hace un siglo, el psicoanalista Karl Flügel definió los motivos por los que los humanos empezamos a vestirnos. En parte, fue para protegernos. No sólo del frío, sino que al empezar a andar a dos patas nuestras zonas más vulnerables (desde el corazón a los genitales) quedaban excesivamente expuestas al ataque. El inicio del vestir también vino motivado por un anhelo de adornarnos. En comparación, una de las especies animales más feas es la humana y enseguida deseamos el pelaje, las plumas y todos los colores y texturas que ofrecía la naturaleza para embellecernos. Y, por último, pero no menos importante, por pudor. Las filosofías y las religiones occidentales convirtieron el cuerpo, especialmente el de la mujer, en pecaminoso y determinaron condenas morales a su manifestación (el alma y la mente son puras, lo físico es obsceno).

Flügel también señaló las tres funciones del vestir a lo largo de la historia. Desde el inicio, la ropa dota de estatus. Si ya en la Antigua Roma, las leyes Suntuarias fijaban cómo debían vestir esclavos, patricios o emperadores; con el capitalismo y la supuesta democratización de la moda, las marcas señalan el poder económico de los grupos sociales. La indumentaria también sirve para exteriorizar el carácter (personalidad) y seducir (en el sentido más amplio de la palabra, no sólo sexualmente sino también convencer en los negocios). Y surge ahí la contradicción que provoca la frustración entre el rechazo y la atracción por el mundo de la moda y la apariencia; pues por un lado nos han inculcado a taparnos pero por otro lado, en nuestra esencia más natural y animal, necesitamos seducir y atraer a los demás para seguir sobreviviendo.

El problema no es el leggin (ni ninguna otra prenda de ropa o accesorio). El problema, como siempre, son los ojos con los que se mira.

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