Que hable Cayetana

Cayetana Álvarez de Toledo acudió ayer a un acto en la Universidad Autónoma de Barcelona donde se encontró a unos 200 estudiantes intentando boicotearla. Salió rodeada de Mossos gritando libertad y uno de sus acompañantes hizo el saludo fascista antes de irse. El espectáculo está servido y salen todos retratados.

La candidata del PP por Barcelona ya ha dejado claro que en la polémica está en su salsa y que el conflicto es su ecosistema ideal. La ciudad que ella dibuja cada vez que abre la boca no tiene nada que ver con la que yo vivo y su permanente tono de superioridad moral resulta desquiciante, pero los estudiantes de la Autónoma la han cargado de argumentos para seguir clamando por su libertad y por “la recuperación democrática de Cataluña”, siempre con ñ, eso sí. Como agitadora es estupenda y Pablo Casado podrá ir presumiendo durante la campaña de las penurias que sufre su compañera, así que lo más inteligente -además de lo correcto- es dejar que hable.

Que diga lo que quiera y tenga que decir. Que siga radiografiando una sociedad fracturada al borde del conflicto civil. Que siga defendiendo que su nacionalismo es el bueno y el de los demás xenofobia. Que se exprese. “Pijos reaccionarios, niñatos totalitarios, consentidos subvencionados a los que pagamos todos para que secuestren la Universidad Pública. Ni un paso atrás por parte del PP en defensa de los derechos civiles y de la libertad de expresión”, dijo. Y está en su derecho de decirlo, igual que tiene derecho a asistir a un acto a la UAB para explicarse. 

El “y tú más” es de patio de colegio. La intolerancia es reprobable y da igual hacia quien vaya dirigida. Si todos estuviésemos de acuerdo con Cayetana Álvarez de Toledo ganaría las elecciones, cosa que no va a suceder. Y precisamente por eso, porque la mayoría de barceloneses la ven como una alienígena, es más necesario que nunca que se exprese en su idioma y pueda acudir a cualquier acto sin salir escoltada por agentes de seguridad. Porque precisamente eso es lo que su partido utilizará como argumento para demostrar que tienen razón. No nos podemos permitir imágenes como las de ayer. Los gritos, los insultos, los empujones, el saludo fascista. Que hablen. Que hablen hasta que se cansen y se les seque la boca, que nadie se lo impida porque cuando nos toque hablar al resto en las urnas diremos exactamente lo que nos parece. 

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