El retrato

“No se puede señalar a nadie. Ni a un posible exnovio, ni a un trabajador en concreto, ni a la propia víctima por la sencilla razón de que no se sabe aún quién fue. Lo único que parece que está claro es había un vídeo sexual compartido por decenas de trabajadores de una empresa que, al parecer, ha sido el desencadenante que llevó a una empleada a acabar con su vida”, afirmó un policía de Alcalá de Henares, ciudad en la que vivía Verónica R. a los medios de comunicación. Lo leí en un periódico. Y volví a releerlo… Y en cada línea me ponía las manos en la cabeza.

Para empezar, ¿cómo que no se puede señalar a nadie? Se DEBE señalar a todos y cada uno de los trabajadores de esa empresa que recibieron el vídeo sexual de una compañera de trabajo y se dedicaron a compartirlo y difundirlo. A todos los que se acercaron a su puesto para señalarla y decir “es esa”. A todos los que no recriminaron y denunciaron. Es un delito. Por eso, el Juzgado de Instrucción número 5 de Alcalá de Henares abrió ayer “diligencias previas por la presunta comisión de un delito de descubrimiento y revelación de secretos (artículo 197.7 del Código Penal)”. Los expertos añadían que en el caso de que la persona que difundió el citado vídeo hubiera tenido una relación sentimental el delito entraría en el campo de la violencia machista. Y ayer por la tarde el ex novio de Verónica se entregó a la Guardia Civil, pero no es el único culpable, los que compartieron el vídeo colaboraron a acorralar y a humillar a una mujer.

Para seguir con la declaración del policía, ¿cómo que ‘no se puede señalar a nadie, ni a la víctima’? Por supuesto que no se puede señalar a la víctima. Por eso se le llama víctima, so burro. Porque es la que ha sufrido “daño o un perjuicio a causa de determinada acción o suceso”, que es lo que significa la palabra víctima. Que después de conocerse el suicidio y con la investigación de oficio en marcha el policía que se dirige a los medios haga ese tipo de declaraciones es indignante. ¿A qué se refería exactamente? ¿A que ella se grabara por propia voluntad y lo compartiera con su ex novio? Y si fue así, ¿cuál es su delito? Ninguno. Ninguno en absoluto.

El suicidio de Verónica ha destapado el machismo en todas sus facetas. El que quería vengarse y lo difundió, los que lo vieron y compartieron e hicieron que la rueda del castigo siguiera girando sin piedad y también a todos aquellos que siguen culpando a la víctima por ser una mujer y tener la vida sexual que a ella le diera la gana. El deseo sexual de una mujer se sigue penalizando. Por eso en las ‘pornovenganzas’ las señaladas como impúdicas, desvergonzadas, como unas putas que se lo hacen con cualquiera (como si las prostitutas eligieran cuando precisamente tienen relaciones sexuales con señores que no desean) son las mujeres. Ellos no. Ellos son los machotes. Ellos son unos tíos de bandera que presumen con los amigotes y que cuando quieren hacer daño utilizan el sexo como herramienta de humillación y escarnio público.

He leído además que el vídeo fue grabado hace cinco años resaltando que entonces “era soltera”. ¿Si hubiera estado casada se merecía la vejación? La respuesta no puede ser otra que no. También que ella expresó al departamento de recursos humanos que no quería denunciar. Al parecer, temía que su marido se enterase, cosa que acabó sucediendo. Si cuando ocurrió era soltera, ¿por qué esa angustia a que su marido lo supiera? La vida sexual de mi pareja antes de que me conociera a mí es cosa suya. La que ahora tenemos es cosa nuestra y si alguien decidiera chantajearme o acosarme al primero que se lo diría sería a él. Por algo es mi compañero y estoy segura al 100% de que el disgusto sería grande porque esa es la reacción natural cuando atacan a alguien a quien quieres, pero nada más. Yo no sería la culpable, sino la víctima. Y sí, ya sé que a nadie le gusta verse como tal y que muchas mujeres abominan de la victimización que según ellas se hace de la mujer desde el feminismo. Como si ellas estuvieran a salvo por el mero hecho de que son mujeres fuertes, listas y capaces. Como si nunca, jamás, les hubiera pasado nada aunque sea ‘de baja intensidad’. Sí, los micromachismos esos que no son otra cosa que machismos cotidianos que hemos normalizado y digerido como parte del paisaje. Y en el increíble caso de que así fuera, de que nunca jamás de los jamases les haya sucedido, sólo tengo una pregunta: ¿dónde está su empatía hacia las demás? Porque según las estadísticas, somos mayoría.

No sé si las informaciones en el caso de Verónica son fidedignas, pero solamente con señalar que ella temía que su marido se enterara se da otra pincelada a un cuadro general en el que el machismo salpica a todos, también a los medios de comunicación que continúan sin informar con una perspectiva de género ya no adecuada, sino vergonzosa en algunos casos. Como el de Espejo Público, por ejemplo. Porque las valoraciones de Fran Rivera son deleznables al decir que los hombres no pueden controlarse y que por eso él le dice a su hija que no se grabe. Él mismo llamó ‘malnacido’ a quien decidió compartirlo, así que él solito se calificó si no se siente capaz de dejar de actuar como un miserable en el caso de que recibiera un vídeo así.

Por elevación, el problema no es Fran Rivera, sino quien le contrata para estar en un programa de televisión, tener altavoz para sus opiniones sobre este y otros temas y quien no le reprende ni le llama la atención cuando suelta memeces. Y, por último, el problema también es de quien lo consume idiotizado.

El acento en que era madre también me sobra. ¿Si no lo fuera su vida valdría menos, su pérdida no sería tan grande? ¿Acaso las mujeres que no somos madres somos menos importantes para la sociedad? Y, sobre todo: ¿el delito varía según hayamos utilizado lo que nuestros ovarios nos ofrecen durante nuestra vida fértil?

El retrato está hecho. Y todos aparecemos tal cual somos, como piezas de un engranaje de mierda que sigue dando vueltas, nos tritura y devora. Y que se llama machismo.

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