¿Plagio u homenaje? Política

Hace unos días algunos nos horrorizamos al confirmarse que el gobierno de Andrés López Obrador había cedido ante la amenaza de Donald Trump, de subir los aranceles a los productos mexicanos, y se había comprometido a controlar la migración de sus conciudadanos hacia el país vecino. Es decir, aunque fuera para evitar un mal mayor y de un modo figurativo, AMLO aceptó empezar a construir y pagar el muro mental que el presidente estadounidense tiene metido entre ceja y ceja.

Y con este escenario de reprobación política y social, México pasó (casualidad o no...) esta semana a ser noticia por otra razón. El ejecutivo de izquierdas ha acusado a Carolina Herrera de apropiación cultural al haber incorporado en sus prendas diseños y elementos identitarios y folclóricos de los pueblos originarios locales. La ministra de cultura mexicana, Alejandra Frausto, envió el lunes una carta de reclamación a la venezolana Carolina Herrera y al actual director creativo de la firma, Wes Gordon, responsable de la polémica colección Resort 2020. Frausto aseguraba en la misiva que algunos de los patrones utilizados en la colección forman parte de la cosmovisión de pueblos de regiones específicas de México y exigía a la marca que explicara públicamente los fundamentos que llevaron a la casa de modas a usar elementos culturales cuyo “origen está plenamente fundamentado”. Además, solicitaba a la modista que aclare si las comunidades portadoras de estas vestimentas se van a beneficiar de las ventas de la colección.

El diseñador se apresuró ayer mismo en dar respuesta a través de un comunicado. Según Gordon, la colección rinde homenaje a la riqueza de la cultura mexicana asegurando que los diseños guardan un gran respeto por las técnicas artesanales propias del país, al ser una "de las pocas marcas en Nueva York que mantiene un taller y un amplio equipo de artesanos en pleno Manhattan". Además, le recordó a la ministra que los bordados de Tenango de Doria a los que hacía referencia son los con mayor frecuencia "son tomados" por los diseñadores para sus colecciones.

Inspiración, robo o todo junto; es decir, globalización. Pero el caso es que el patriotismo y ética que no supieron defender ante un personaje como Donald Trump pretenden ahora reivindicarlo a través de un enfrentamiento con una casa de moda que lo que les concede con su colección es dar repercusión, valor y voz a la indumentaria y cultura de unos pueblos y una artesanía ya casi ridiculizada, invisible y olvidada (incluso por los propios representantes mexicanos que prefieren vestir al estilo occidental). En fin, ¡viva México!

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