Negociaciones tóxicas

"No me has llamado. Me felicitaste cuando fui padre y te lo agradezco, pero no he sabido más de ti", le recriminaba el pasado miércoles Pablo Iglesias a Pedro Sánchez. Con las caras, gestos y quejas del líder de Unidas Podemos casaba tan bien como banda sonora la que es para mí la canción más sufrida pero bailonga de las noches de juerga en El Cangrejo (mi meca). Temazo de Camilo Sesto, of course: "Siempre me voy a enamorar de quien de mí no se enamora y es por eso que mi alma llora. (...) Y ya no puedo más, siempre se repite la misma historia. Estoy harto de rodar como una nooooooria. Vivir así­ es morir de amor, soy mendigo de sus besos; soy su amigo, pero quiero ser algo mas que esooooooooo, melancoliiiiiiiiaaaaaaaa....

Porque a Pablo, estos meses, le ha ocurrido lo que a muchas un sábado por la noche; (des)esperar que él llame. Bueno, mejor un triste wasap porque así nos ahorramos la incomodidad de hablar : "Nos vemos?" Pero los tiempos han cambiado, y muchos de tus amigos se ponen pesados y te animan a que seas tú el que tomes la iniciativa: "Tío, dile algo tú, al fin y al cabo él te ofreció una vicepresidencia y algún ministerio y tú lo rechazaste... Quizá esté picado por eso". Protestas. Porque sí, porque tú también te has sacrificado y has dado pasos en esta "no relación". Vale que cuando te pidió que dejaras el referéndum de Catalunya te dio un poco igual (total, menos líos pa ti), pero nadie valora que te has apartado cuando te pidió espacio argumentando que le daba la sensación que esta relación no iba a funcionar? ¡Le has dado libertad para que se vaya con otro!

Finalmente te convencen. Todas esas voces a su favor acaban confundiéndote: ¿Y si sí me quiere y soy yo el que se lo está poniendo demasiado difícil? Así que te tragas el orgullo porque, aunque tu abuela te repitiera aquello de "que bonito es una mujer orgullosa", el orgullo es conservador y teóricamente no puede traerle nada bueno (nuevo) a un progre.

Te autoimpones un tope. "Si a las cinco de la tarde de mañana no me ha dicho nada, lo llamo. Lo prometo". Y esas horas se hacen eternas... Porque a ratos imaginas que todo va a salir bien. Él entrará en razón, te pedirá disculpas y te ofrecerá un gobierno de coalición. Quizá acabéis viendo el mundial de basquet en casa, así que encargas al servicio de que te traiga más cervezas al casoplón de Galapagar. Pero ese momento de felicidad que acabas de proyectar lo ensombrece el pensamiento repentino de "¿y si no quiere nada conmigo?" De hecho, ha estado coqueteando en tu cara con otros. Con Casado y Rivera. En verdad, ha ido a hacer daño... Ese tío no se merece nada.

"¿Pero no será todo una estrategia para seducirte, ponerte celoso y hacerse el interesante?", te planteas. No aguantas un minuto más. ¡A la mierda la fecha límite! Llamas y que sea lo que Dios quiera. Por salud no puedes permitirte seguir con este come come eterno. Esta situación va a acabar con tus nervios y no quieres seguir tomando ni un día más Citalopram.

Comunica, pero aguantas unos cuantos más tonos. Lo coge y se lo sueltas: "Hola, Pedro, quiero gobernar contigo. Probemos un años y si no va bien, lo dejamos." Te agradece el gesto, pero por el tono ya sabes que va a rechazar la oferta. Bueno, por lo menos te has ahorrado la cara de asco que te hubiera puesto en persona.

Ahora ya está. Lo sabes a ciencia cierta: no te quiere, nunca lo ha hecho. ¿Cómo has podido estar tan ciego? Si en la primera cita (ronda de contactos de cara a la investidura) te recibió con las manos en la espalda y se vio obligado a saludarte por la presencia de las cámaras. Además, mientras te estrechaba la mano, la izquierda se la recogió hacia la derecha. ¿Cómo pudiste no darte cuenta? Quizá porque creíste en sus palabras, confiaste en que aquella confesión de perdón ante Jordi Évole era sincera...

De nada sirve que ahora tus amigos te insistan para que pases de él (habrá que ir a elecciones, Pablo) o que te repitan que es un imbécil, que no te merece o que él se lo pierde. Ahora es tarde. Porque después del desengaño con Íñigo Errejón, Sánchez te había dado vidilla...

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