El gesto de Yélamo

"El gesto que ha sido malinterpretado fue una reacción irónica a quienes estaban al acecho de mi conexión en directo para sabotearla. Fue tan solo la expresión de mi hartazgo", así es como el reportero de La Sexta intentaba salir al paso tras evidenciarse que durante una conexión en directo durante la Diada había animado a algunos manifestantes a boicotear su intervención televisiva. "Mamen, no te escucho demasiado bien. Como ves, aprovechan los ratos muertos, deben estar aburridos los que aquí se manifiestan y esperan a nuestras conexiones en directo para soltar el clásico 'prensa española, manipuladora'", le transmitió el periodista José Yélamo a la presentadora.

Uno de los requisitos para la lectura certera del lenguaje corporal es evitar analizar un gesto en solitario y sin contextualizar. Por ello, no es tan importante la señal que Yélamo lanzó con la mano izquierda ("va, ahora haced lo que hemos pactado y ensayado" o, según él, "entro en directo, chillad ahora si sois tan valientes") y el puño en alto ("venga, con fuerza"), sino los ademanes previos. Lejos de mostrarse incómodo con la tensa situación que vivía, se lo veía relajado. Su tronco se giró para mirar hacia atrás (si se sintiera en peligro, miraría de reojo o cubriéndose) advirtiendo que los manifestantes estaban de espaldas hacia él (pasan bastante de ti), se recolocó ante la cámara con el micrófono en mano y los auriculares, se aclaró la voz y hasta tuvo tiempo de acicalarse el tupé... Quizá es que Yélamo esté acostumbrado a la corresponsalía de guerra, pero su lenguaje corporal ni era de hartazgo ni mucho menos de pánico.

Podría haber sido, por supuesto. De hecho, aquel mismo día había sido agredida una periodista de RTVE durante una conexión en directo. Porque desgraciadamente hay anormales que encuentran gracioso y valiente insultar e intimidar a un trabajador. Diré más, creen justificado lanzarle una botella a una persona porque trabaja para una línea editorial que defiende una opinión distinta a la suya o donde se narran unos hechos distintos a los que ellos consideran verídicos. Por la misma patética regla descerebrada, los enviados de TV3 saben que es mejor esconder el logo cuando se encuentran en "fuego enemigo", como lo es una concentración de Societat Civil Catalana.

Ahora bien, todos sabemos que algunos (repito, algunos, no todos) medios de comunicación y "profesionales" del sector alientan la crispación en este tipo de ambientes ya tensos de por sí... Si me estoy cinco minutos llamando de todo a tu madre hasta que te caliento y tengo el móvil preparado para que cuando petes poder registrar la agresividad de una concentración que se describe pacífica y cívica; eso no es periodismo, eso es hijoputismo.

El caso de José Yélamo no llegó a ese extremo. Es decir, imagino que sólo debió pedir amablemente la colaboración de unos nenes que debían andar aburridos ante tanta calma. Guionizó una conexión con figurantes que no tenían mucho más que hacer esa tarde (o durante esta vida): "Chilladme un poquito, que quede como que hay jaleo, porfa". Así es como entiendo su "disculpa": "No hace falta animar a nadie para que te abucheen e insulten en ciertos ambientes del independentismo radical. Si no has trabajado allí, quizás no lo sepas." Ya, querido, el problema es que podía haber sido, pero no fue. Y eso, en periodismo, es pecado mortal. No para la reputación de la profesión, que también, sino porque estás creando una alarma social y contribuyendo a una confrontación inexistente. Una cosa es explicar lo que acontece a tu alrededor y otra creerse poco menos que Dios: construir la realidad a tu antojo.

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