Hoy ha venido a blanquearse...

A sabiendas de las críticas recibidas y las que se sumarían, Pablo Motos trató de ser duro, incluso borde, con el invitado. Por su parte, Santiago Abascal llegó con la lección aprendida: sonrisas y gestos afables para rebajar el fascismo de su mensaje y partido. Lo peligroso es que Abascal no es Ortega Smith y cuando lo desea su apariencia no asusta ni disgusta. Así fue como el presentador acabó regalándole a un hombre con #pecholobo (#alertacaspa) un "hasta pareces bueno". El líder de Vox recogió el piropo y sacó pecho: "lo soy, soy bueno".

Las gotas de sudor en la frente del ultraderechista aparecieron cuando intentaba explicar (disimular) su postura contra el aborto. Pero ya llegó nervioso a plató a juzgar por la mancha bajo el sobaco que se descubrió al alzar el brazo derecho para saludar al público (foto y gesto que, a propósito o no, empleó la cuenta de Twitter de El Hormiguero para introducirlo en la red social...). Con una camisa blanca y no azul (arremangada...), el sudor hubiera pasado desapercibido.

Y si a primera hora de la mañana las redes ardían con #boicotElHormiguero; por la noche #SantiagoAbascalEH superó al hastag de denuncia. Ya cuando se convirtió la demanda en trending topic, muchos temieron que provocara justamente el efecto contrario: el morbo, ya se sabe, sube la audiencia. Entre los comentarios de los usuarios en las redes, mucho reaccionario intentando vender la falta de coherencia de la izquierda acerca de la libertad de expresión: ¿Si Arnaldo Otegui puede hablar porque tiene interés informativo, por qué no Santiago Abascal? El planteamiento, claro, era perverso: no es lo mismo ser entrevistado en Salvados (La Sexta) o en La noche en 24 horas (RTVE) como ocurrió con el coordinador general de EH Bildu que en El Hormiguero (A3). No voy a enumerar todas las diferencias de contenido, creo que en este caso sólo es necesario mencionar una: las hormigas. Esos dos muñecos son los que atrapan visualmente al público infantil y convierten el espacio en un programa familiar que siguen padres e hijos. Por eso, ni siquiera cuando Abascal participó en Mi casa es la tuya (T5) con Bertín Osborne se armó tanto revuelo. Porque aunque el formato también pretendiera dulcificar la imagen del invitado; en principio, no cuenta con menores como espectadores.

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