Mensaje a la izquierda española desde Catalunya

El gobierno de PSOE y Unidas Podemos ya es una realidad. Pero después de unas pocas horas de alegria (“Sí, se puede”) la dura realidad que vivimos ya está sobre la mesa. Son muchos los retos e incertidumbres que deberá afrontar este “gobierno progresista” y uno de los temas fundamentales será la realidad catalana. Viendo que una parte de esta izquierda parece seguir sin entender nada sobre esta realidad, me dirijo a ella con la esperanza de poner sobre la mesa cuestiones que más valdría enfocar correctamente si no quieren que el “gobierno progresista” sea borrado del mapa de un plumazo. Y lo hago porque creo que ya se están cometiendo errores graves.

Pedro Sánchez empezó su discurso diciendo que en la investidura habría tres votos: los que votarian que si a una “coalició de progreso, de diálogo y de justícia social, “en medio los que no quieren sumarse a ese avance pero al menos no lo impiden gracias a su abtención” y, finalmente ,“una curiosa coalición variopinta en la que figuran desde la ultraderecha a partidos antisistema y también los nacionalismos más intransigentes de uno u otro signo”. Esto último, en clara referencia a la CUP i JxC, que votaban NO a la investidura. Pedro Sánchez cometía así el primer error de su presidencia minutos antes de ser votado. Un error discursivo que lleva dias siendo jaleado por destacadas figuras del progresismo español:

El fundador de la revista Mongolia, Eduardo Galán escribia: “Vehí de la CUP votando con VOX y asegurando que "votan por razones diferentes". Nacionalismos a ful”. El columnista de eldiario.es, Antonio Maestre se sumaba: “La CUP consuma su voto negativo. (…) Tenia una mínima esperanza de que no se unieran al fascio”. El periodista Pascual Serrano tuiteaba: “Anticapitalistas de la CUP que votan a favor de un gobierno de Puigdemont pero en contra de un gobierno de Pedro Sánchez con comunistas” y el escritor Daniel Bernabé retuiteaba. Son solo tres de los muchos ejemplos de personas del ámbito del progresismo, relevantes, influyentes y con visibilidad mediática, que parecen no haber entendido cual es la verdadera situación del “gobierno progresista” que están celebrando.

Para empezar, el análisis de este sector de la izquierda española está ignorando la enorme complejidad de la situación política catalana. Quieren los votos que llegan desde Cataluña pero no quieren hacerse cargo de la realidad de los votantes. A esta izquierda se le hace imposible entender que la CUP, tan anticapitalista como es, no vote a favor de un “gobierno progresista” que es la única alternativa a la ultraderecha. Ante esto propongo la siguiente reflexión:

Según este argumento, la amenaza de la ultraderecha debería obligar a la CUP a poner en segundo plano sus reivindicaciones políticas y dar apoyo al gobierno del PSOE. Es cierto que los escenarios políticos, a veces, obligan a ser pragmáticos. No seré yo quien diga que me dá igual un gobierno PSOE-UP que uno PP-Cs-Vox. Pero estas lineas no tienen por objeto dirimir qué botón se pulsaba en la investidura ya que eso ya está hecho. Como decía al principio mi intención es mirar hacia los retos el futuro. Y pensando en esos retos, me cuesta entender que los simpatizantes del “gobierno progresista” resultante no hilen más fino. Si el argumento de que “viene Vox” sirve para pedirle a la CUP que renuncie a todos sus planteamientos políticos y que se limite a apretar el botón del SI, si la situación es tan grave, no deberia funcionar esa exepcionalidad en todos los sentidos? Si es tan, tan, tan grave que venga Vox, no sería mejor acceder a las demandas de la CUP antes que venga Vox? Imaginemos que los dos votos de la CUP hubieran sido decisivos: que hubieran elegido los simpatizantes del “gobierno progresista”? Hacer una amnistia y convocar un referéndum o dejar viniera Vox? Si es tan grave que venga Vox, no debería haber problema en cumplir el mandato de la ONU y liberar a los presos y hacer un referéndum donde todo el mundo pudiera votar lo que quisiera, no? O la exepcionalidad sólo sirve para que sean los otros renuncien a sus planteamientos? O era preferible un gobierno de Vox antes que hacer un referéndum?

Y si seguimos reflexionando: el PSOE prefiere que gobierne Vox antes que comprometerse con unas demandas que, gusten o no, tienen una base democrática? No os parece que aprovecharse de la amenaza del fascismo para imponer el programa propio y obligar a los rivales a renunciar al suyo es una forma de colaboración por omisión con el fascismo? El fascismo te pone una pistola en el pecho y quien está al lado dice: “Si no haces lo que yo digo, él apretará el gatillo”. Es eso lícito?

Lamentablemente no tiene pinta de que suceda, pero los simpatizantes de este gobierno deberían entender mejor esos NO que llegan desde Cataluña. Es, sin duda, más cómodo meter a la CUP (i a JxC) en el mismo saco que a Vox. Pero esos NO provienen de una realidad que si se ignora, el “gobierno progresista” está condenado al fracaso. Porque esos NO (los de la CUP y los de JxC) tienen unas raíces muy profundas y son fruto, también, de los terribles errores cometidos por el PSOE. Y hablando de esos errores: no vi a esta izquierda que juzga a la CUP desde una pureza sobrevenida decir nada cuando el PSOE se manifestaba de la mano de Vox en las calles de Barcelona. Ahí no era necesario el cordón sanitario para la ultraderecha? No vi a esta izquierda que alardea de pureza ideológica razgarse las vestiduras cuando la Abogacía del Estado se sumaba a Vox en la petición de cárcel a, por ejemplo, Jordi Cuixart. Estas cosas han pasado y antes de levantar banderas de pureza, haria bien la izquierda española en repensar sus dogmas y analizar sus gravísimos errores. Y si no lo hace por honestidad intelectual, debería hacerlo por interés. Porque le va el futuro en ello.

La izquierda española puede tomar estas palabras como un ataque más de los muchos que va a recibir el “gobierno prograsista” o pensar con inteligencia qué significan los NO que les llegan de Catalunya. Entre otras cosas porque, en caso contrario, cada vez llegaran más y lo que ahora han podido salvar las abstenciones de ERC y Bildu, puede desaparecer con la misma velocidad con que se reparten carnets con superioridad izquierdosa. He puesto tres ejemplos del análisis sobre el NO de la CUP. Los mismos tres protagonistas sobre el discurso de Montse Bassa, representante del partido que se abstuvo:

Eduardo Galan: “Bassa tirando de esa emocionalidad nacionalista y patética en la tribuna”.
Daniel Bernabé: Bassa, de ERC, ha hecho un discurso que ha congelado el hemiciclo por unos momentos, pensado totalmente para consumo interno y de una hostilidad manifiesta. Hoy no era el dia”.
Antonio Maestre: A Montserrat Bassa la ha sacado ERC para que hable en clave de su disputa electoral en Cataluña. Ha sido bastante penoso el discurso”.

Deploran los NO y no les gustan las formas de las abstenciones. Los mismos que deploran el NO de la CUP y de JxC se muestran ufanos ante las abstenciones que les permiten hoy gritar “Si, se puede”. Una actitud que recuerda peligrosamente a esa derecha que cree que tiene el poder por designio divino. El gobierno de progreso lo tendrá muy difícil si, a parte de todos los golpes que va a recibir, se dedica a dispararse en el pie. Si tanto gusta el “gobierno de progreso”, hay que esforzarse en entender que hay detrás del NO de la CUP, que se expresa en el NO de JxC y que significa la abstención de ERC. O eso o seguir empeñados en no entender las señales que llegan de Catalunya. Esa es la via más directa a un hudimiento total del gobierno que hoy tanto se celebra. Porque detrás de esos NO y de esas abstenciones hay millones de personas que ya han demostrado mucha capacidad de organización, mobilización y desafio a la imposición.

 

 

 

 

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