¿Qué escribir?

¿Escribo otra vez del drama de la migración? No hay temor a repetirme, porque cada día sucede algo nuevo, dentro de la misma terrible situación. Solo ayer fueron rescatados nada menos que 3.700 personas en el Mediterráneo según la Guardia Costera italiana. Con la llegada del buen tiempo esto no solo no va a parar, sino que irá más. Es inevitable. Porque a ver, ¿usted se quedaría en un país asolado por la guerra, con un dictador, o sin nadie que ponga orden mientras el terror islámico campa a sus anchas? Con hambre, sin futuro, con miedo, sin nada. 

Nada. Esa ha sido la respuesta de Europa tras la cumbre que se celebró una semana después del naufragio de un pesquero con 800 personas a bordo y de la que solo se pudo rescatar a 28 hombres (porque las mujeres y los niños tienen menos resistencia física y no lograron aguantar). La más tremenda nada. Muy compungidos todos, sí, pero no se llegó ni a un solo acuerdo que permita tener esperanza. No nosotros, no. Sino esos que ahora deben estar en un campamento, o escondidos, hacinados, mientras esperan que las mafias a las que han pagado les lleven a una Europa que no les quiere, ni sabe que hacer con ellos salvo mostrarse muy afectados, como plañideras sin entrañas mientras asiste impávida cómo se los traga el mar.

¿Escribo sobre lo último en corrupción? Porque la grabación de Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia contando “3.000, 4.000, 5.000... 12.000. Dos millones de pesetas” es obscena y ha provocado que, en plena campaña, el Partido Popular le haya suspendido de militancia, aunque él se enroca en su puesto. Claro que también podría escribir sobre Esperanza Aguirre, candidata a la alcaldía de Madrid, que confirmó en La Sexta que en el PP se cobraban comisiones. Todos menos ella, claro. Eduardo Inda dijo “en el PP cobraban comisiones hasta la madre superiora, excepto Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón”. Y la candidata contestó: “Exactamente”. Exactamente señoras y señores. Y aquí paz y después gloria. Lleva una semana entretenida Aguirre, así que de paso podría comentar las declaraciones de hace unos días sobre lo antiestético que quedan los mendigos ahí tirados por las calles de Madrid. Que espantan a los turistas con su mugre y se nos irán a sitios más aseaditos. 

Quizás podría centrarme en escribir en algo que no se me va de la cabeza. No puedo olvidar el documental “Els internats de la por” que emitió el pasado martes TV3. Y la bilis que me sube cuando recuerdo que nadie ha sido juzgado por los terribles crímenes de abusos sexuales y maltratos a menores durante el franquismo y la transición. La modélica transición que todo lo tapó y circulen, circulen, que aquí no ha pasado nada. Los testimonios de las víctimas, que siguen siéndolo porque lo que les sucedió les ha dejado huella y herida y nadie ha reparado su daño. Y la impunidad de los verdugos, esos seres malvados y depravados que camparon a sus anchas y a los que no se castigó, ni siquiera censuró, es terrible un castigo añadido. El nudo en la garganta al ver a los que estuvieron recluidos en esos campos de concentración para menores. La inmensa injusticia.

Escuché la entrevista que le hicieron en Hoy por Hoy al fantástico periodista Pedro Simón, premio Ortega y Gasset de periodismo en el 2015 que acaba de publicar un libro ‘Peligro de derrumbe’. Es la historia de nueve personas que intentan sobrevivir a la crisis y sobreponerse a la desesperanza. Sé que lo tengo que leer, sé que lo leeré, pero me pasa con el libro que me da miedo enfrentarme a él. Igual que me resistí a ver el documental sobre los internados. Lo que no se sabe no duele. Y cuando lo sabes ya no lo vas a poder olvidar. No soy extraordinaria; escuché como Pedro Simón contaba: “Hasta mis compañeros en el periódico me dicen: Ya no te leo más, que lo paso mal... pero alguien tiene que contarlo”. Así que él sigue escribiendo sobre eso que a los demás nos cuesta leer. 

A veces, uno no sabe de qué escribir exactamente, pero hay veces también, que uno no puede dejar de hacerlo. Hoy era una de esas veces.

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