El fútbol femenino ni es fútbol, ni es femenino. La pregunta no es si han escuchado alguna vez la sentencia, sino si llevan la cuenta de cuántas veces.

Ni puñetera gracia tiene, por cierto, aunque muchos se empeñen en repetirla ‘de broma’. Que se lo digan a las jugadoras que están disputando en Canadá el Mundial de fútbol femenino, que seguro que se parten, vamos. Les debe causar la misma risa que jugar en césped artificial. Ya saben, la FIFA, ese organismo tan moderno e impoluto, se ha empeñado y hace dos días hasta presumieron de ello ante los medios: “Es la superficie ideal para jugar el torneo”, afirmaron. De nada ha servido la queja formal ante el Tribunal de Derechos de Ontario de las capitanas de las 13 selecciones implicadas. Pedían igualdad ante el sexo masculino y respeto.

Las futbolistas se quejaban de algo evidente: No se juega igual en césped natural que en artificial, hay más riesgos de lesiones y las quemaduras por fricción están aseguradas. Muchas jugadoras han utilizado las redes sociales para mostrar también su desacuerdo y los efectos de jugar en césped artificial. Busquen por ejemplo el twitter de Sidney Leroux, una de las estrellas de la selección estadounidense, que publicó una foto de sus piernas llenas de raspaduras y quemaduras con el texto: “Por esto debería jugarse al fútbol en el césped natural”. Ha dado igual. El Mundial ha comenzado y se disputa en césped artificial.

La última humillación ha sido tener que pasar un exámen de sexo para verificar que, efectivamente, son mujeres. La tabla que impone la FIFA es, se mire por donde se mire, machista. En las pruebas se miran rasgos sin sentido, como los labios o la amplitud de las caderas y han tenido que pasar pruebas médicas. Ser alta, o tener una gran masa muscular, o rasgos que no son considerados femeninos son motivos suficientes para que la FIFA haya obligado al examen. Basta con ser fea, tener poco pecho y los gemelos desarrollados para que los señores del fútbol sospechen que no eres una mujer. 

Los estereotipos sobre las futbolistas y las mujeres deportistas en general siguen perpetuándose a pesar del paso del tiempo. Por ejemplo: Lo raro es ver un reportaje en estos últimos días en la que las futbolistas no salgan pintadas, peinadas y con taconazos y minifalda. Hay que demostrar que, efectivamente, son femeninas. También conozco a periodistas deportivas a las que se les ha solicitado entrevistas, con fotos incluidas, en las que tenían que aparecer arregladísimas, para dejar claro que se puede saber de deportes y al mismo tiempo no parecer un marimacho. En el otro extremo está el aumento de periodistas, principalmente de televisión, guapísimas, mientras que nuestros compañeros masculinos no tienen por qué tener pinta de modelo para acceder a determinados puestos de trabajo. Que alguien me diga un solo periodista deportivo que esté como un tren. Así, a bote pronto, no se nos ocurre ninguno ¿verdad? Vaya, qué curioso. En ocasiones parece que no solo hay que ser buena en tu profesión, sino ser una ‘tía buena’.

Capítulo aparte merecen las webs de los principales diarios deportivos y los reclamos sobre supuestas ‘noticias’ con mujeres neumáticas, modelos, actrices y ‘novias de’ que poco o nada tienen que ver con el deporte. “La mejor delantera de la Premier”. “¿Quiénes son más guapas, las mujeres de los jugadores del Barça o los de la Juve?” “Fulanita de tal, la musa brasileña de...”, con foto de la chica enseñando pechamen,  “Menganita de cual, desolada por la derrota de...” y la imagen de Menganita medio en pelotas en la que por supuesto, no parece estar sufriendo. “Zutanita no se perderá la final”, y aparece Zutanita con tanga y el culo en pompa. 

¿Que exagero? Claro, ya se sabe, soy mujer y solemos hacerlo. Ya me lo perdonarán algunos, con esa condescendencia que tanto me gusta.

  • Comparteix