¿Alguna vez te has preguntado cómo describir un color a un ciego de nacimiento? Hay métodos. Por texturas, por olores, por temperaturas; el frío, por ejemplo, se asocia al azul, el rojo al calor, pero siempre me he preguntado si la idea de azul o rojo de una persona invidente es la misma que tengo yo, que puedo verlo.

Las palabras, el significado de las palabras, son importantes para llamar a las cosas por su nombre en cuestiones que no admiten ambigüedades cuando están ahí, ante tus ojos. Cuando no cabe la interpretación, la imaginación, la intuición, ni la creatividad, sino simplemente, cuando lo único que se debe hacer es utilizar la palabra correcta para definir lo que se tiene delante.

Bill Cosby es un cómico americano que en el 2005 admitió haber comprado drogas sedantes e hipnóticas que administró a mujeres sin su consentimiento. Y lo hizo para poder, una vez anulada la voluntad y consciencia de esas mujeres, abusar de ellas. Las violó. Pues bien, durante las últimas semanas he leído titulares como: “Bill Cosby confesó que compró drogas para dárselas a mujeres”, como si la gravedad de los hechos estuviera en las sustancias, como si el escándalo fuera que actuó de camello. También que las compró para “tener” o “mantener” relaciones sexuales, obviando la falta de consentimiento por parte de las víctimas que le acusaron. No se trataba de interpretar nada, ni de andarse con pies de plomo y colocar justo en su sitio “presuntamente”. No, no. Se trataba de llamar a las cosas por su nombre. 

“Si le das a una mujer o a un hombre una droga sin su conocimiento, y luego tienes sexo con esa persona sin su consentimiento, eso es violación”, declaró hace tres días el presidente Obama al ser preguntado sobre ello. Busquen en los medios de comunicación. En la mayoría de los artículos se sigue manteniendo la fórmula “mantener relaciones sexuales” incluso cuando se explican para poner en contexto las manifestaciones del presidente de los Estados Unidos.  

Matilde Solís es una mujer de 52 años, hija de los Marqueses de Motilla y ex esposa de Carlos Juan Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, actual duque de Alba, con el que tiene dos hijos. La aristócrata escribió en su página de Facebook a mediados de junio una carta en la que acusaba al psiquiatra Javier Criado de haber abusado de ella desde que comenzó a verle, cuando tenía 22 años. A partir de su escrito no han parado de llegar denuncias de otras mujeres de la alta sociedad sevillana, que relatan casi exactamente las mismas experiencias con Javier Criado. Ya son más de 20 las que se han unido para presentar una querella conjunta contra el terapeuta. Las víctimas describen tocamientos impúdicos y relaciones sexuales no consentidas.

“La Casa de Alba sorprendida por el destape de Matilde Solís”. Ese fue uno de los titulares que he leído. Como si a la señora Solís le hubiesen pillado haciendo top-less en Zahara de los Atunes; cosa que, por otra parte, sería de su incumbencia. Los eufemismos con los que se quiere envolver un caso tan grave como éste producen arcadas. 

Aquí no se trata de juzgar a nadie desde los medios, ni de coger las antorchas, sino de nombrar lo que uno tiene delante: Rojo o azul. La palabra abuso está en el diccionario. Y significa lo mismo para todos. 

El sábado, el alcalde de de la localidad conquense de Villares del Saz, José Luis Valladolid Lucas (PP), publicó a través de su cuenta personal en la red social Facebook un comentario a una noticia en el que llamaba "puta barata podemita" a la portavoz del PSOE en Castilla-La Mancha, Cristina Maestre. Horas después y ante el revuelo, borró el comentario y se disculpó así: “Pido perdón. En ningún momento pretendía insultar a esta señora. A (sic) sido producto de la confusión y de un mal día”.

A principios de julio el alcalde de Granada, José Torres Hurtado, también del PP, proclamó en un acto con los mejores estudiantes de selectividad: “Las mujeres, cuanto más desnudas, más elegantes”. Al día siguiente, también intentó rectificar. Y lo hizo así mediante un comunicado: “Pido disculpas por mis palabras que, siendo desafortunadas, sólo buscaban apelar a la necesidad de usar un atuendo adecuado para el contexto de la ola de calor que estamos viviendo en toda España y especialmente en Granada. No he pretendido ofender a nadie y, si lo he hecho, quiero rectificar por ello y pedir disculpas”.

Es importante saber utilizar las palabras. No hay otra vía, otra explicación, otro significado, para las que utilizaron los dos alcaldes. La justificación posterior ante la condena general, el “no era lo que pretendía” es un insulto además a la inteligencia. Dijeron justo lo que querían decir. Es rojo. No azul. 

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