Ayer llegaron los primeros 19 refugiados de los 15.000 que se ha comprometido a acoger España. 19. La pírrica cifra de 19. Estamos en noviembre, la crisis humanitaria es de proporciones gigantescas y a España han llegado los primeros 19, eritreos y sirios, procedentes de Italia.

La mitad de ellos irán a Bilbao y San Sebastián. Según afirmó Soraya Sáenz de Santamaría el pasado viernes “el compromiso del Gobierno es evaluar este viaje y los instrumentos de acogida y, a partir de ahí, seguir realizando los restantes. Hay que hacerlo muy bien para evitar movimientos secundarios”. 

19. Ya hay que empeñarse para hacerlo mal cuando solo han llegado 19. Ya pueden hacer las evaluaciones talladas a mano en marfil, porque son solo 19. Es tan obsceno todo lo que sucede con los refugiados que si no fuera porque a estas alturas ya estoy más que convencida de que los dirigentes europeos no tienen vergüenza, apostaría a que se les caerá la jeta un día de estos. 

La semana pasada asistimos al penoso espectáculo de cinco dirigentes haciéndose fotos con cuatro niños refugiados en Luxemburgo, cuatro de un grupo de 30 que han sido reasignados. Y ahí estaban los políticos, medio sonrientes, tan caritativos, cuánta bondad la suya, qué esfuerzo más grande, qué incansable su lucha. Qué asco. De los  800.000 refugiados que han llegado desde enero, después de no sé cuantas cumbres, minicumbres, fotos, declaraciones y buenas palabras, Europa se comprometió a reubicar a 160.000. ¿Saben cuántos lo han sido? 116. Desde la foto de Aylan, ¿saben cuántos menores han muerto? Alrededor de 70, no hay cifras oficiales porque aumentan cada día. 

Y ahí están nuestros políticos, fotografiándose con cuatro niños, declarando solemnemente su compromiso de evaluar de manera rigurosa a los primeros 19 en España. Escuchen a Óscar Camps, socorrista de Badalona y director de la ONG Proactiva, que cuenta cómo él y otros como él, con la única ayuda de las donaciones –se pueden hacer a través de la página www.proactivaopenarms.org están en Lesbos sacando a niños, hombres y mujeres del agua y viendo cómo muchos otros se les escapan de las manos ante la parálisis de los gobiernos europeos. Diariamente están llegando entre 40 y 50 embarcaciones. En Lesbos ya no sitio para tanto muerto. Su alcalde, Spyros Galinos, declaró el pasado miércoles: “Aún tenemos 50 cadáveres en la morgue y nos hemos quedado sin tumbas en el cementerio”. El periodista de El Mundo Alberto Rojas, escribía: “En realidad, están en un furgón frigorífico a la puerta del camposanto, esperando a que los enterradores amplíen su superficie y caven nuevos nichos. El mar no deja de devolver cuerpos de los naufragios recientes. Cada día aparecen cadáveres en la Skala, la playa de los ahogados. Hasta 19 estos días, pertenecientes a tres hundimientos diferentes. La muerte no se toma vacaciones en el Egeo”. 

Mientras Europa discute y reparte con desesperante lentitud, posa ante las cámaras y se vanagloria de las ridículas cifras de los ya reubicados, echen un vistazo a las imágenes y testimonios de los miles que malviven en los campos de internamiento en condiciones lamentables. Me alegro muchísimo de que hayan llegado los primeros 19, pero, por favor, que nuestros políticos no presuman, que no posen, que no sonrían, que no los usen, que no se hagan los dignos porque en la foto ya han salido retratados. Y dan vergüenza.

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