Me disponía a escribir unas líneas sobre el último lío que el entrenador del Madrid tiene con un jugador suyo cuando llegan las fatales informaciones desde París.

Mientras la cifra de muertos en la capital francesa incrementa de forma dramática pierdo cualquier ansia de seguir con este artículo. Es una noche para informarse y, sobre todo, para preguntarse el por qué de esta masacre.

Ambulancias, policía, camillas y sangre en los canales informativos tanto de Televisión Española como de Televisió de Catalunya. De repente, imágenes de un partido de fútbol. Por un momento parece que regresa la normalidad. No, es la forma de escuchar una explosión y de ver nuevas escenas de pánico en el interior del Stade de France. Una nueva señal de que el fútbol hoy no tiene ningún sentido. Entre toque y toque de balón, un estruendo de fondo. 

¿Escribir sobre el clásico? ¿Hablar de si estará Messi en el Bernabéu? Qué banal suena cuando el mundo entero sigue pendiente del interior de una sala de fiestas parisina. Tratar de obtener respuestas a que alguien descargue su Kalashnikov al grito de “Alá es grande” resulta imposible. 

La noche se hace aún más dramática cuando empiezan a llegar las primeras informaciones sobre lo ocurrido en el interior de Bataclan. Decenas de muertos, inicialmente un centenar, luego “solo” ochenta. Twitter es quien lo cuenta todo, incluso los fakes, falsos rumores y fotos falsas que hay que tratar de filtrar. No importa, en una noche como esta se convierte en la mejor herramienta para seguir lo que está ocurriendo en directo. Mucho más que cualquier medio de comunicación convencional. Es la nueva realidad del periodismo. 

Interrumpo este texto algo inconexo y sin sentido para atender a un bebé de un año recién cumplido que abandona su sueño para pedir la toma del biberón. Entre sorbo y sorbo, la miro pensando en qué mundo le espera, imaginando si va a tener que vivir muchas situaciones como esta. Y me temo que sí.

¿Cómo voy a prevenirla de lo que le espera si ni yo lo entiendo? Regreso al teclado y pienso en borrar todo lo que llevo escrito para retomar mi artículo como si no hubiera ocurrido nada. Escribo dos o tres líneas… y desisto.

Al carajo el fútbol, el clásico y los jugadores que no tragan a Benítez. Que gane quien lo merezca. Y que la gente disfrute del partido, del espectáculo. Que lo viva como una gran experiencia y quede en su recuerdo. Es de las pocas cosas claras que tengo esta noche: Nos pasamos años de nuestra vida preocupados por nimiedades y luego barbaries de este tipo te hacen valorar lo importante.

Y sí, voy a mandar y publicar estas líneas. Como recuerdo de una mala noche. Para que quede escrito que por mucho que hablemos de fútbol y a veces incluso nos pongamos dramáticos, el drama no es esto. El drama hoy es París.  

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