Los campos de fútbol tienen la nada elogiable capacidad de congregar en sus gradas al tanto por ciento más maleducado de la población que reside a su alrededor. Con toda seguridad, un estadio de fútbol, sea de la categoría que sea, tiene un tanto por ciento de gañanes que sería muy difícil de reunir en cualquier otro recinto, sea o no deportivo.

Da igual cual sea el origen o las circunstancias de los espectadores. Tampoco importa si fuera del campo de juego son unos ejemplares padres de familia, abnegados esposos y amigos leales. Da lo mismo. En cuanto empieza a rodar el balón (y en muchos casos, incluso antes) un tanto por ciento sorprendentemente alto de los espectadores se convierten en unos energúmenos que lucen un comportamiento que obligaría al dueño de la tasca más inmunda que recuerden a expulsarles de su recinto. 

Les supongo al caso del penoso incidente acaecido el fin de semana pasado en el curso del partido de Segunda División Andaluza Sénior disputado en el Polideportivo Molino Nuevo de Granada entre el CD Albes y el Gabia FC, que concluyó con 3-2 a favor del conjunto local. La prensa de toda España se ha hecho eco de la circunstancia de que en el minuto 80 de partido, según relata en su acta el colegiado Jesús Lorenzo Rodríguez, “un aficionado entró en el terreno de juego y se lanzó hacia la árbitro asistente cogiendo con la mano su propio pene que previamente había sacado e intentó golpear a la misma en una mano”. Prosigue en su acta el árbitro del partido que “identificamos claramente e inequivocamente que el espectador se trataba de un jugador del Celtic de Pulianas (equipo de la Primera División andaluza, una categoría más de la del partido en cuestión), puesto que llevaba el chándal de dicha entidad y al que había arbitrado otras veces”.

Se podrían hacer muchas bromas sobre el tarado que intentó rabear a la asistente del partido con su miembro. La noticia, publicada primero por la Agencia EFE y luego por diversos medios de toda España, ya ha sido comentada, pero lo peor de todo es que es una cuestión que nos incita a la risa. Entre todos los medios que reproducen la gamberrada y la salida de tono de este idiota que enseñó la sardinilla en el minuto 80 de partido se destaca su acción, pero únicamente El Ideal de Granada, diario local de la zona donde se produjo la gansada se hace eco de lo que es realmente importante: El comunicado de protesta que el sindicato de árbitros elevó a la Federación Española de Fútbol y que reza: “La situación ha llegado a tal punto que no se puede seguir exigiendo proyectos o programas de educación contra esta barbarie, pedimos a los miembros de los diversos comités que investiguen por qué no se hace nada para cambiar este estado de cosas”. 

Es decir, que nos hace mucha gracia que un memo con chándal se saque la chorra ante un asistente, según unas versiones era una mujer, según otras un hombre, pero no cambia su género en lo sustancial. Aquí nos sigue haciendo gracia la broma y todos los periódicos nos la tomamos como un “qué brutos son en los pueblos” hasta que alguien la FIFA por ejemplo, decrete que se deje el pene en la entrada o se practiquen amputaciones preventivas a los más idiotas de la afición.

Titular: “El sindicato de árbitros denuncia una agresión machista a una colegiada mientras pitaba un partido”.
Diario: El Ideal de Granada
Fecha: Lunes, 16 de noviembre de 2015
Sección: Fútbol Provincial
Precio:1,30
Número: 27.447

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