Será porque se hace de noche a las seis de la tarde, será porque ya tengo los pies fríos cuando todavía ni ha empezado el crudo invierno, será porque tengo una cierta sensación general de tristeza, de abatimiento a la que no me rindo e intento combatir con amigos, encuentros, canciones, series y películas que me dan calorcito. Será que últimamente acechan malas noticias y a las penas, puñalás.

Será por eso que he vuelto a convocar frente a una tortilla y un gin tonic a los de siempre, que he vuelto a escuchar I´d rather dance with you de Kings of Convenience y ver La silla de Fernando, de David Trueba y Luis Alegre, el episodio Two Cathedrals de The West Wing y el clásico Cantando bajo la lluvia. Será.

Y fue viendo de nuevo la maravillosa Cantando bajo la lluvia cuando me di cuenta que Lina Lamont es Mariano Rajoy. La película cuenta el paso del cine mudo al sonoro con la historia de Don Lockwood (Gene Kelly) y Lina Lamont, una rubia astuta dentro de su bobería, cuyo único objetivo es mantenerse en el 'star system', pero a la que su voz de pito le va a condenar irremediablemente al ridículo en cuanto se la oiga. Así que todos, Don Lockwood, su amigo de la infancia Cosmo (Donald O’Connor), el jefe del estudio y el director de la película, se compinchan para sacar la peli adelante mientras a Lina Lamont le dobla la voz Kathy Selden (Debbie Reynolds). El estreno resulta un exitazo hasta que a Lina Lamont se le ocurre hablar y todo el mundo se da cuenta del engaño.

¿No les suena? Con buen tino, las mentes pensantes del PP decidieron que Rajoy no participara en debates, que solo saliera a través de un plasma y que hable lo menos posible. Porque en cuanto lo hace, chirría. Sin guión, ni trampa, ni cartón, al natural, resulta inevitable escuchar a Mariano Rajoy sin echarse las manos a la cabeza. Todo el aparato, la estrategia, la maquinaria, se viene abajo en cuanto abre la boca, así que no es de extrañar que le tuvieran calladito mientras Soraya ‘Kathy Selden’ ponía, pone, voz a la letra.

Lo malo es que ahora Mariano sale haciendo del defecto, virtud. No es el único, pero al ser el presidente del Gobierno se le ve más, y los que salimos retratados somos nosotros. Porque en Cantando bajo la lluvia, al ser conscientes del desastre de la voz de pito de Lina Lamont, primero buscan la solución de Kathy, pero después dejan que se la pegue y quede expuesta al bochorno. Aquí Mariano sigue desafinando y lo que se aplaude es que se asombre porque unos mejillones se abren pronto, que camine un montón por diferentes países y que mienta diciendo, entre otras cosas, que solo el 1% en este país sufre bajo un contrato de mierda, porque no sé por qué extraño mecanismo eso le hace humano y cercano. 

No sé tampoco cuándo exactamente renunciamos a que nuestros líderes sean mejores que nosotros, no un espejo de nuestras carencias. Alguien a quien admirar y no con quien ir a tomarse una caña y hacer chistes gilipollas. No sé cuándo dimos la espalda a cierta grandeza, dignidad, oratoria, para medirles por cómo juegan al futbolín, bailan, tocan la guitarra o se suben a un globo.

Ayer en las elecciones regionales francesas ganó la ultraderecha xenófoba. Ayer se celebraba que una política del PP en ‘Salvados’ estuviera dispuesta a escuchar y dialogar con una familia catalana independentista. Y la rareza es esta. Y los marcianos somos todos.

Votaré el 20 de diciembre, a lo mejor bajo la lluvia, pero seguro que ni cantando, ni eufórica. Seguiré, eso sí, con los amigos, las canciones, las películas, las series, los amores. Seguiré quitándome la tristeza a manotazos.

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