El sábado, 30 de agosto, una mujer de 31 años y su madre de 52 murieron asesinadas en Arganda del Rey por herida de arma blanca. El presunto agresor, pareja de la fallecida de 31, fue detenido. Estaba de permiso penitenciario tras salir el pasado jueves de la cárcel. Son las víctimas 41 y 42 por violencia machista en lo que va de año. Seis de ellas en la última semana, casi a una por día. Es el peor repunte de violencia de género en lo que va de año. Y la cifra, lamentablemente, puede aumentar. Hay otra mujer de 32 años hospitalizada en Lugo, estable dentro de la extrema gravedad, después de recibir dos disparos en la cabeza por parte de su novio. 

La respuesta de los expertos en violencia de género, asociaciones de mujeres y magistrados es que no hay una sola explicación. El problema es complejo y la solución no es única. El terrorismo machista es transversal. En la lista de las 42 mujeres asesinadas a manos de sus parejas, hay de todo. Jóvenes, maduras y también de la tercera edad. El martes, por ejemplo, un anciano de 90 años mató en El Campello a su esposa de 86. La clase social también varía, mientras que respecto a la nacionalidad hay una constante y es que de las 42, 29 eran españolas, así que queda descartada la extendida creencia popular de que la violencia de género es más probable entre la población inmigrante. Sólo once de las asesinadas habían denunciado previamente a su agresor. 


El pasado martes 26 de agosto en el programa ‘La ventana’ de la Cadena Ser, la magistrada Francisca Bermejo del juzgado número 2 de Barcelona de violencia de género hizo una radiografía de lo que sucede. Y también una digna autocrítica: “Es necesario que la sociedad asuma la violencia de género como un problema de todos. La ley integral fue un hito legislativo en el derecho español, muy avanzada, pero se ha quedado estancada. A mí me sorprende todavía cuando desde las propias asociaciones de mujeres que están luchando, desde el propio consejo general del poder judicial, no cumplimos con los mandatos de la ley. Estamos descoordinados, no podemos ir cada uno por su lado”.

La magistrada explicó, con datos del Observatorio contra la violencia de género, que sólo el 8,82% de las mujeres denuncian a su agresor. “Este número tan reducido se puede explicar porque la mujer teme denunciar por no poder encontrar después la protección por los escasos medios que tenemos. Los familiares, que seguramente muchos conocen el problema, solo denuncian en el 0,24 por ciento de las ocasiones”.

Bermejo apuntó un dato aterrador. Cuando clamemos: ¡Justicia! hay que saber lo que los jueces pueden y no pueden hacer con la ley en la mano: “Ahora casi todo es delito, el maltrato puntual, la amenaza, la coacción, el maltrato habitual, pero la pena no supera el año de prisión. En un maltrato en el que el juez puede imponer una pena máxima de hasta año de prisión, si no hay antecedentes penales, no se entra en la cárcel. Esa no es la respuesta que la gente espera. El maltrato habitual, que es una de las conductas más graves, tiene una pena de hasta tres años. Con las reglas que al juez le pone el legislador en las manos, si no hay unas circunstancias, la pena no sería superior al año y medio. Por lo tanto, una mujer que está sufriendo constantemente ese maltrato se encontraría con que su agresor tiene una pena de año y medio y saldrá a la calle. Esto no puede ser. El Código penal se tiene que modificar”.

Condena a España

El pasado 3 agosto, la ONU condenó a España por no proteger a una mujer, Ángela González, víctima de violencia de género y a su hija Andrea de siete años, a la que el maltratador asesinó en 2003 en una de las visitas pautadas en el régimen de separación. La mujer había denunciado a su ex marido en 30 ocasiones por amenazas y agresiones. En 30. A pesar de ello, mató a la niña en una de las visitas tuteladas.

¿Otro dato? Los jueces sólo suspenden las visitas a los niños en el 3% de los casos de maltrato. Escalofriante, ¿no?

“Se tiene que producir una revolución social, es un problema de todos”, pedía Francisca Bermejo. Ni la sociedad tiene conciencia del grave problema que hay, ni las mujeres que denuncian están lo suficientemente protegidas, ni los jueces tienen los mecanismos, la ley, para frenar a los maltratadores.

Justicia, sí, pero también concienciación social. Las actitudes machistas no se pueden tolerar, ni justificar, ni minimizar, ni ser condescendiente con la manida frase de “es su sentido del humor”.  Que los gestos machistas son tolerados en general por hombres, y también por mujeres, no es una opinión personal. El alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, del que hablé en esta columna la pasada semana, sigue ahí después de decir lo que dijo. No solo no ha dimitido, sino que nadie en su partido le ha afeado la conducta. "Es una cuestión de humor personal sin ninguna malicia", vuelvo a recordar que declaró la alcaldesa de Cáceres, Elena Nevado. 

Un último dato confirma que la violencia machista va a peor: Hay ocho mujeres más asesinadas que en este mismo periodo en el 2013. ¿Demasiados números? Pues doy más: Detrás de cada uno hay una mujer, una historia, un asesino, y varias víctimas: La violencia de género dejó 42 huérfanos el año pasado.

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