Asco de solidarios

El 19 de agosto se celebraba el Día Mundial de la Fotografía. Ese fue el momento que Manu Brabo, el fotoperiodista español ganador del Premio Pulitzer, decidió darnos un puñetazo en la cara vía Twitter a cuenta de la imagen del pequeño Omran Daqneesh que fue rescatado cubierto de polvo y sangre en Alepo, Siria. Manu Brabo, que ha recorrido los campos de batalla en Libia, Siria y Ucrania, tuiteó:

 

Como no podía ser de otra manera, recibió algunas respuestas de indignados que se habían sentido heridos por sus palabras. A mí también me hizo daño, pero sólo porque tenía toda la razón del mundo y me dio mucha vergüenza. Con el bochorno cliqué 'me gusta', y vi más tarde lo que había contestado a un seguidor. “@ekainj me cuesta asumir que a la gente se le pase la pataleta con un "like". La crítica va más por ahí… “ Una vez más, volvía a tener razón. Recordé una entrevista suya publicada en Jotdow que Ramón Lobo, que también sabe lo que es vivir y contar las miserias de las guerras durante su larga trayectoria vital y profesional. Lobo tituló así la entrevista: “Si la gente gritara en la calle lo que grita en Facebook sería la hostia”. Pues amén, de nuevo.

Nos lavamos las conciencias dándole al clic y la vida sigue, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Un par de palabras de propina, para señalar lo mucho que nos ha afectado la imagen de Omran herido y aturdido, lo terrible que nos parece, y a otra cosa mariposa. Escribo en primera persona, yo no estoy haciendo nada tampoco para que la vida de Omran sea otra más que compartir su vídeo en las redes sociales y colaborar con una ONG. No me parece ni mucho menos suficiente, no me siento orgullosa, no estoy sacando pecho. Compartir la imagen de Omran y ayudar a difundir la terrible situación de su país desde hace años no es banal, pero tampoco me hace ser mejor persona ni estoy cambiando el mundo por ello. Cuando alguien como Manu Brabo, que está en el meollo del asunto desde hace años apunta con el dedo para sacudir conciencias me doy por aludida y sólo me queda agachar la cabeza.

Al vicesecretario de comunicación del PP, Pablo Casado, también le removió la imagen de Omar. Lo suficiente como para poner un tuit:

Formando parte del partido de un gobierno que tardó nada menos seis meses en acoger a 18 refugiados de los 16.000 que se había comprometido porque así les obligó la Unión Europea, su insomnio me da exactamente igual. La mención a su hija para demostrar que es un ser humano y no un cíborg también sobra y, sinceramente, le dejaría cinco minutos enfrente de Manu Brabo, para ver si es capaz de aguantarle la mirada sin que se le caiga la cara de vergüenza. Porque tiene toda la razón Brabo: qué asco de solidarios de red social.

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