Aprendí la profesión en la redacción de un periódico. Y lo primero que me enseñaron era que lo que yo sentía, el deseo de contar historias, era un oficio que había que cultivar con cuidado y unas reglas, no de cualquier manera.

Así, aprendí a escribir siempre en presente lo que debía ser futuro y no dar por hecho lo que aún no había sucedido. Por ejemplo: “El partido de esta tarde es el primero en el que…”, escrito durante la tarde anterior, -en el primer caso- o esperar hasta estar segura de que “la expedición del Real Madrid ya está en… “ cuando de veras había aterrizado, jamás antes, en el segundo-. El estadio y la hora era lo único que se podía rellenar en la ficha un día antes. En eso una no podía equivocarse.

Hoy es el día elegido por la ONU desde 1999 como el ‘Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer’. Si este artículo estuviera escrito antes de las 13:50 tendría un error: que en lo que va de año son 39 las mujeres asesinadas por hombres en España. Ayer (hoy mientras tecleo), a esa hora, los servicios de emergencia de la Comunidad de Madrid recibieron un aviso  alertando de que en un vehículo de la calle Barcelona 28 de Fuenlabrada (Madrid) había una mujer que parecía estar muerta. Ella tenía 26 años, él 29. Y después de degollar a su novia con un cuchillo llamó por teléfono a su madre - de ella- y esperó a la policía. Así que ya son 40 las mujeres asesinadas. Y nadie me puede asegurar que, mientras escribo, o esta noche, o mañana por la mañana, o al mediodía, no haya otra. Lo que me enseñaron no sirve porque, simplemente es imposible prever si hoy serán 41. Y lo jodido es que nos hemos acostumbrado como si se tratara de un desastre natural, un terremoto, el tsunami que vendrá; algo que está fuera de nuestro control y que solo se puede prevenir con estudios, agencias, datos científicos.

En la violencia machista hay sistemas, observatorios también que alertan, dan las cifras de muertes cada año para concienciar sobre la gravedad. Y de los huérfanos que quedan. Y de las órdenes de protección y vigilancia. Hay incluso grados atendiendo al peligro que, en principio, corren las mujeres según unos estándares. Hay un teléfono gratuito que no deja rastro. Hay campañas de publicidad. Hay casas de acogida. Hay minutos de silencio en la Plaza del Ayuntamiento de turno. Hay profesionales al servicio preparados para, no sólo socorrer en primera instancia, sino acompañar y señalar una salida en el laberinto. Y sin embargo, nada es suficiente y muchas de las mujeres que lo han sufrido siguen sintiéndose desamparadas o mal atendidas. Hay testimonios de sobra para darlas la razón y la resignación de las instituciones con un ‘hacemos lo que podemos’ con los recortes que les sofocan y maniatan. Desde la policía hasta los funcionarios del juzgado de violencia de género que no darán abasto para agilizar los trámites de todas aquellas mujeres que hayan dado el paso de denunciar a sus agresores. Desde los servicios de emergencias hasta la ayuda psicológica de personal preparado que tan necesario es para proporcionar un sostén mental. 

Hay 40 mujeres que han sido asesinadas este año en España por hombres. Y mientras lo escribo la cifra no es segura, pero nos hemos acostumbrado. Es invierno y hace frío, es verano y hace calor y de la misma manera inevitable, horriblemente universal, los hombres matan a las mujeres. O las humillan. O las consideran de segunda clase. O las pagan menos dinero por el mismo trabajo. O no llegan a los puestos de mando. O las miran con condescendencia. O las cosifican. Podría escribir un artículo sólo con datos al respecto y hoy, en el ‘Día Internacional de la Violencia contra la Mujer’ seguramente habrá muchos. Y hoy habrá quiénes los sigan pasando de largo, con fastidio, pensando ‘qué exageradas, qué pesadas’ y no se consideren a sí mismos, hombre por favor, machistas. 

Son 40 las mujeres asesinadas hasta ayer, que para mí es hoy, y hay quien sigue creyendo que tampoco, bah, es para tanto: 40. Ahí, justo ahí, está el problema. En la costumbre, en la falta de importancia que se le da. En normalizarlo. Al día le sigue la noche, sí. Teclear “son 40 las asesinadas” y no estar segura del dato no debería ser normal. Ni ayer, ni hoy, ni mañana.

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