El alcalde de mi pueblo dice que soy una mujer fracasada, amargada y rabiosa. Le molesta que opine. Le cabrea que exista. David Pérez se llama el alcalde de mi pueblo, Alcorcón, donde mis padres vivían antes de que yo naciera y aún siguen viviendo.

Ha quedado retratado, pero una semana después de que se hicieran públicas sus ‘reflexiones’ sobre las feministas ahí sigue en el cargo. El alcalde de mi pueblo asegura encima que no es machista y se siente víctima de una persecución de la izquierda. 

El alcalde de mi pueblo ha pedido disculpas “si alguien se ha sentido ofendido”, que es la fórmula mágica para pedir perdón cuando se sigue pensando exactamente lo mismo pero la presión te obliga a dar un paso atrás. Ya le debe jorobar, ya, solamente eso, pero no le ha quedado más remedio después de que la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes, de su partido, le haya afeado públicamente la conducta. Afear nada más, que tampoco es cuestión de plantearse algo más serio. ¡Bah! tampoco es para tanto. Es, solamente, un machista. Y después de pedir disculpas las enfadicas seguimos siendo las mujeres que no las aceptamos, que ya estamos exagerando otra vez, que nos ofendemos por cualquier cosa, que es lo que tiene ser una fracasada, amargada y rabiosa. Que no es que sus palabras fueran ofensivas para todo aquel que no sea machista, ya sea hombre o mujer, no. Que él de machista, oiga, nada de nada. Que hasta tiene mujeres en su equipo de trabajo, se defiende.

Hace años ya que me fui de Alcorcón, y he vivido lo suficiente como para saber que lo del alcalde de mi pueblo no es una excepción. Ejemplos hay muchos, uno de los más sonados es el de Josep Ramón Correal, que era el director del Diari de Tarragona hasta el pasado mes de septiembre cuando fue sustituido. Correal, siendo director, escribió una editorial el pasado mes de julio titulada “Sí es sí, o no” en el que ‘reflexionaba’ sobre la campaña contra los abusos sexuales que había presentado el Ayuntamiento de Tarragona antes de las fiestas con el eslógan “Només sí es sí” y escribía que “la pericia de la conquista amorosa requiere mucha perseverancia. Si damos por buena la sentencia que “solo el sí es sí” pondremos en peligro el futuro de la raza humana. En el amor, como en el márqueting, la venta comienza cuando te dicen no”. Al día siguiente pidió perdón también con la fórmula mágica, la de “si alguien se ha sentido ofendido”. Y hubo colegas en los medios de comunicación que se las aceptaron enseguida en plan un mal día lo tiene cualquiera y alegando que se había retractado. Por supuesto tampoco eran conscientes de que estaban teniendo un comportamiento machista. 
Correal dejó de ser el director, sí. Ahora es 'sólo' el consejero editorial adjunto al presidente-editor y responsable de relaciones institucionales y desarrollo de la marca del medio. Pobrecillo.


Las palabras del alcalde de mi pueblo hablan por sí solas, pero no han sido pocos los que han salido a defenderle. Como el portavoz de Educación del PP en Asamblea de Madrid, Luis Peral, que tildó de "sectaria y poco diligente" la campaña contra "un gran Alcalde, solidario y comprometido con la igualdad”. Me pregunto cómo puede estar alguien como el alcalde de mi pueblo comprometido con la igualdad diciendo lo que ha dicho, pensando lo que piensa, despreciando como desprecia, pero como soy una fracasada, amargada y rabiosa igual por eso me echo las manos a la cabeza ante lo dicho y quién lo defiende, el portavoz de Educación. Insisto: E-du-ca-ción. 

En cuanto a fracasada o amargada no voy a dar explicaciones, no se las merecen. En cuanto a rabiosa: no es la rabia el sentimiento que me deja poso. Es el de tristeza. Me produce tristeza el alcalde de mi pueblo y el portavoz de Educación, siendo el machismo justo una cuestión de educación y cultura. Tristeza porque comprendo lo lejos que está de solucionarse un problema que nos afecta a todos, no sólo a las mujeres. Tristeza porque comprendo que por mi edad yo ya no lo veré. Tristeza también porque miro a las que ahora son niñas y me hago una idea de lo que les queda por aguantar mientras crecen y se convierten en mujeres. Tristeza de que haya hombres que sigan odiando a las mujeres. Ojalá fuera sólo el alcalde de mi pueblo. 

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