Tengo un libro pendiente desde hace dos años, igual que tantas otras cosas que voy dejando con la esperanza de que aún me queda tiempo de sobra para poder hacerlas.

Ayer me acordé de ese libro. Y también de lo que Fernando Fernán Gómez contaba en el delicioso documental ‘La silla de Fernando’ a David Trueba y Luis Alegre, cuando ya era consciente de que el final de su vida estaba cerca y miraba su biblioteca y se despedía con gran pesar de los libros que ya no iba a poder leer.

En un artículo para el diario El País en 1994 ya expresaba esa idea, ese pesar. “Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Sí sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho”.

Ayer me acordé de las palabras del gran Fernán Gómez y me he prometido que el próximo libro que leeré son las memorias de Kirk Douglas, que hoy cumple 100 años. ‘¡Yo soy Espartaco! Rodar una película, acabar con las listas negras’ se editó en España hace dos años y, pese a que devoré con entusiasmo las referencias sobre él en la prensa, todavía no lo he leído. Kirk Douglas se jugó en la película Espartaco el dinero de su productora Bryna pero sobre todo,  marcó el fin de las listas negras que provocó la caza de brujas del Comité de Actividades Antiamericanas durante el Macarthismo. Un episodio negro, negrísimo de la historia de Estados Unidos, que provocó el suicidio, el ostracismo y la miseria de guionistas y directores de la industria del cine y ante la que Kirk Douglas demostró la clase de hombre que era. 

El guionista de la película ‘Espartaco’ era Dalton Trumbo, que fue señalado por el Comité, estuvo encarcelado un año, se vio obligado a emigrar a México y a su vuelta a Los Ángeles escribía con seudónimos y malvivía junto a su mujer y su hija mientras los estudios se aprovechaban de su talento. Kirk Douglas y Dalton Trumbo no eran amigos, pero Douglas, productor y protagonista de Espartaco, que dirigió Stanley Kubrick, se empeñó y se atrevió a poner en los títulos de crédito por primera vez a Trumbo. Era, simplemente, una cuestión de justicia.  “La década de 1950 fueron años de miedo y paranoia. En aquel entonces, el enemigo eran los comunistas. Ahora, el enemigo son los terroristas. Los nombres cambian, pero el miedo permanece. Los políticos exacerban aún más el miedo y los medios de comunicación lo explotan. Se benefician de mantenernos atemorizados. El primer presidente estadounidense por quien voté fue Franklin Roosevelt. Él dijo: ‘De lo único que debemos tener miedo es del propio miedo”, es uno de los fragmentos del libro ‘Yo soy Espartaco’.

Han pasado 56 años desde que se estrenó Espartaco y, tristemente, el miedo sigue y los guardianes de la moral y las buenas costumbres y los patriotas que usan las banderas como contenedores de las miserias humanas crecen a nuestro alrededor como champiñones y últimamente hacen un ruidazo que asusta. Así que no, no voy a esperar más para leer el libro. Feliz cumpleaños Míster Douglas.

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