Ayer cogí el tren en la estación de Renfe de San José de Valderas. Me bajé en Embajadores. 15 minutos. La gente iba tranquila, mirando sus móviles y sus libros electrónicos, que ni un solo periódico en todo el vagón vi, pero esa es otra historia.

Por Puerta de Toledo vi gente que aparentemente también iba tranquila, sin soponcios por la prohibición de Manuela Carmena para disminuir el nivel de contaminación. Una amiga que vive por Tribunal me llamó para decirme que se estaba tomando un caña en una terraza al solecito y que tampoco había notado a su alrededor señales de histeria. Mis padres se fueron con las nietas por el parque de San Isidro y volvieron con una barra de pan y aceitunas, como si tal cosa, ajenos al apocalipsis que algunos habían anunciado. En fin, que fue un día como otro cualquiera salvo que no podían circular los coches con matrícula par porque fue la medida que se le ocurrió al Ayuntamiento de Madrid debido a que la contaminación era, según los medidores, peligrosa para la salud. 

Puede que la medida sea insuficiente, puede ser que haya otra mejor, puede ser que haya que darle una vuelta más a ver si hay medidas más efectivas. Puede, sí, pero lo que no es una probabilidad, sino una certeza es que Madrid tiene un problema y que los niveles elevados de dióxido de nitrógeno son dañinos y los vehículos privados son el principal foco de las emisiones contaminantes. Así que puede ser lo que cada uno le parezca, pero el problema es real, existe y algo había que hacer. En una ciudad además donde existe una red de metro con 301 estaciones, 26 intercambiadores y 294 kilómetros de red. En una ciudad con 203 líneas de autobuses urbanos y más de 10.172 paradas. En una ciudad  con nueve líneas en funcionamiento de Cercanías de Renfe, con 370 km de vías férreas y 89 estaciones de las que más de 20 ofrecen correspondencia con el Metro de Madrid. En una ciudad así, como Madrid, resulta que algunos han puesto el grito en el cielo, indignadísimos, porque los coches con matrícula par no podían circular durante un día. ¿Adivinan quién? Efectivamente: políticos del PP.

Porque aquí se trata de aprovechar cualquier resquicio para criticar al rival político. Que si ya está bien de prohibir, que si qué pasa con los derechos de los ciudadanos, que si detrás de las restricciones de tráfico sólo hay ideología. Ideología, ahora resulta que la mierda en el aire es también ideología y la malvada Manuela Carmena pretende joder la existencia a los de las matrículas pares, luego a los de los impares y así hasta que acabe con todos porque la mujer es así, pérfida por naturaleza. 

Por supuesto no podía faltar a la fiesta Esperanza Aguirre, que es una caricatura ya de sí misma, y declaró a ‘esRadio’ que estaba “encerrada en casa” porque su coche, el de su marido, su hijo y su nuera todos tienen matrícula que acaba en matrícula par. Encerrada, en el barrio de Malasaña, que andando está a 15 minutos del Ayuntamiento, con dos estaciones de metro al lado de su casoplón, Noviciado y Tribunal y varias opciones de líneas de autobuses de la EMT. Pues ahí estaba la pobre, encerradita. Luego venga a reírnos con aires de superioridad de Trump porque está loco de atar al negar el cambio climático argumentando que es un “invento de los chinos”, como si aquí no estuviésemos bien servidos de iluminados e iluminadas. 

La contaminación no es ningún cuento chino. Aprovechar políticamente la situación es de miserables, porque es una cuestión de salud pública, nada más y nada menos, así que más les valdría a todos los que tienen la solución para acabar con los altísimos niveles de dióxido de nitrógeno que empezaran a compartirla con los que ahora gobiernan en el Ayuntamiento de Madrid. Porque ellos respiran también el mismo aire de mierda. Y sus familias. Y sus compañeros de partido. El problema es de todos. Cooperen y dejen de hacerse las víctimas de la infame Carmena, que la alcaldesa no tiene culpa de que no llueva, que es hasta ridículo que haya que recordarles algo así, pero a este punto hemos llegado. Y a los que piensen que esto es solo cosa de Madrid, un fuerte abrazo, que lo van a necesitar. 

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