La spoiler del 6F estaba sentada en segunda fila. Cayetana Álvarez de Toledo anunció con su colocación, presencia y gestos la sentencia y la condena que vendrá. Como en los platós televisivos en los que el regidor se encarga de sentar al público que más le conviene a tiro de cámara, la que se podría antojar (por similitud estética) como hija de Trump o sobrina de Marine Le Pen compartió el plano (protagonismo) con los tres acusados. El mensaje subliminal parecía astutamente orquestado. 

En todo momento, la marquesa de Casa Fuerte mantuvo su característica mirada de perdona vidas (muy dada en las damas de alta cuna...). Esa soberbia al observar el mundo con eterno desprecio, asco, como si a su alrededor siempre oliera mal y sin darse cuenta que, pese a los carísimos perfumes, el tufo constante generalmente viene de dentro. Nada más empezar la declaración de Artur Mas, se le contrayeron las pupilas y el veredicto resultó fulminante (“que lo quemen en la hoguera”). No iba a modificar un ápice su postura y así lo escenificó: cruzada de brazos (intransigente), no había posibilidad alguna de que ninguno de los argumentos de los procesados pudiera hacerla cambiar de opinión (verdad única). Pese a la aparente altivez y frialdad, la responsable del área de Internacional de la fundación FAES y portavoz de Libres e Iguales tuvo que taparse en varias ocasiones la boca con el dedo índice para no soltar un #noteloperdonaréjamásArturMas. Ignorando que ya había sido juzgado por la espalda por una especie de Santa Inquisición, el ex president se entretenía en desarmar educadamente los cortes de Jesús María Barrientos. Y como en cualquier película de terror (Sé lo qué hicistéis el 9N), daban ganas de advertirle, chillándole inútilmente a la pantalla, que el mayor peligro se cernía justo detrás.

Mientras Joana Ortega otorgaba el éxito de la consulta al voluntariado, a Álvarez de Toledo se le escapó finalmente una tímida mueca de satisfacción en el rostro. En aquella fugaz y contenida sonrisa de cinismo pudo conjurar el artículo 155 (“lo pagaréis todos”). Pero fue durante el turno de Irene Rigau, cuando no pudo reprimirse y comenzaron los aspavientos que trató de disimular acicalándose exageradamente su larga cabellera rubia. Concretamente, el acelere gestual se produjo al escuchar este comentario de la ex consellera d’educació: “(…) si et diuen que això (el Referèndum) no és res com va dir el president Rajoy (…)”. Y aquí, el suspiro y la afirmación con la cabeza por parte de la protegida de Jose María Aznar, sonó a reproche hacia la (no) actuación del actual líder del PP (“si hubiera aplicado ´medidas drásticas´ en su día ahora no estaríamos aquí”… #noteloperdonaréjamásMarianoRajoy).  

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