Hace un año me rendí a la evidencia de que estaba perdiendo vista. Veía mal de cerca, concretamente. Fui al oftalmólogo y enseguida me dio el diagnóstico: Presbicia, más conocida como vista cansada. Media vida mirando un mínimo de cuatro horas al día un ordenador es lo que tiene. 

En fin, que me compré unas gafas para ver de cerca y no dejarme los ojos en la pantalla. Hace tres meses las perdí. Removí cajones, huecos, miré debajo de la cama, detrás del sofá, busqué en todos los lugares comunes donde suelo dejar las gafas. Nada. No hubo manera. Hace dos semanas me compré otras y le dije a la oftalmóloga con total seguridad: “Me llevaré la montura más barata porque sé que en cuanto me compre estas, aparecerán las otras”. Ayer, efectivamente, aparecieron. Estaban entre el somier y el colchón, milagrosamente intactas, sin un rasguño. Cómo acabaron ahí y cómo no se han roto además de la certidumbre de que las encontraría en cuanto me comprara otras son esas casualidades de la vida  doméstica, cotidiana, de las que todos tenemos algún ejemplo.

Luego hay otras casualidades más, cómo díría… Sorprendentes. Por ejemplo: ayer también, mientras yo encontraba mis gafas, un inspector de la Brigada Central de Blanqueo de Capitales de la policía mientras “ordenaba cajones y armarios de su despacho” se encontró con un pendrive de ocho gigas que supuestamente contiene información relevante sobre el origen de la fortuna de la familia de Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña y que ya ha sido entregado al juez de la Audiencia Nacional José de la Mata. Vamos, que no me digan que no es curiosa la cosa. Uno se pone a investigar, guarda información ‘relevante’ en un lápiz de memoria USB sobre una posible corrupción que tiene en vilo a medio país, lo guarda en un cajón, se olvida y de repente un día ¡patapám! ordenando papeles y clips ahí está. 

También están las casualidades fatales. Mira si no los gafados del PP, que cada vez que organizan un Congreso o cita importante vuelve ‘el pasado’ para morderles el culo. Así, ellos que estaban ahora tan entretenidos con su Congreso Nacional que empieza hoy y del que saldrá triunfante Mariano Rajoy el domingo, resulta que ayer también, mientras yo encontraba mis gafas, nueve empresarios imputados en la pieza que investiga la presunta financiación irregular del PP valenciano alcanzaban un acuerdo de conformidad con la Fiscalía Anticorrupción por el que admiten que financiaron de forma ilegal al PP en las elecciones municipales y autonómicas de 2007 y en las generales de 2008. Y no se vayan todavía, que aún hay más, el Tribunal que juzga la trama Gürtel en la Audiencia Nacional ha citado a la ex ministra de Sanidad Ana Mato para que declare el lunes como “partícipe a título lucrativo”. La pobre Ana Mato, que no se enteraba ni de los Jaguars que tenía en el garaje. Así que los periodistas, que algunos son muy puñeteros, van a dar la tabarra con la Gürtel, los empresarios y Ana Mato en lugar de centrarse en el éxito incontestable de Mariano al mando de la nave pepera. Qué fatalidad.

De casualidades estuvo ayer el día llenito. Una en concreto me tiene todavía dándole vueltas al coco. Porque a ver: ¿cómo es posible que un informe asegure que la violación con una porra que produjo a un joven diez centímetros de desgarro anal del que se está recuperando en un hospital parisino no fuera intencionada? Pues tal cual. El informe preliminar de la investigación interna admite que fue violentamente agredido, pero añade que la violación anal de Théo, de 21 años, de raza negra, fue accidental y no voluntaria. La típica violación anal con una porra metálica involuntaria. Evidentemente, nadie se lo cree, así que en París llevan cuatro días de disturbios en los barrios de la periferia norte quejándose por la brutalidad policial y también por el racismo.  Los llamamientos a la calma, incluido el del propio Théo desde la cama del hospital, no están siendo escuchados por el momento. En la noche del lunes fueron detenidas 26 personas y los antidisturbios hasta realizaron disparos al aire, el martes hubo 17 detenciones y ya hay lanzamientos de cócteles molotov y vehículos incendiados. Es de suponer que el informe preliminar no ayude precisamente a calmar los ánimos. 

Hay casualidades y casualidades. Lo mío de las gafas fue más una chiripa. Lo del pendrive, la trama Gürtel y el accidente con la violación anal con una porra es sencillamente una vergüenza que no tiene nada que ver con el destino, la suerte ni el azar. Llamemos a las cosas por su nombre. De casualidad, nada.

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