He buscado la palabra micromachismo en la Real Academia Española de la Lengua. No existe. Micro, en cambio, sí.

Proviene del griego y significa “muy pequeño”, “una millonésima parte”, como unidad de medida. En la wikipedia se denomina micromachismo “a una práctica de violencia en la vida cotidiana que sería tan sutil que pasaría desapercibida, pero que reflejaría y perpetuaría las actitudes machistas y la desigualdad de las mujeres respecto a los varones”.

En eldiario.es hay un blog que cumple tres años llamado así, ‘micromachismos’ y en el que se publicó el miércoles un vídeo en el que varias mujeres denunciaban haber sufrido machismo. Mujeres con una posición de poder, prestigio y con éxito en sus profesiones. Desde ser juzgadas por su físico, a que su opinión o su criterio no sea tan escuchado o tenido en cuenta como el de los hombres. El vídeo ha tenido ya más de un millón de visitas y cientos de respuestas. Entre ellas la mía. Escribí que había perdido la cuenta de las veces que me han preguntado, sorprendidos, si a mí me gustaba el fútbol después de contestar que soy periodista deportiva. No me cabían más caracteres, pero no han sido pocas las veces que han añadido, además de si me gusta, si “entiendo” de fútbol. 

Aplaudo la iniciativa de eldiario.es. También la de El Confidencial, que ha puesto en marcha un especial sobre violencia machista documentando todos los asesinatos que se han cometido desde 2010 recopilando el trabajo de Feminicidio.net, un proyecto independiente que hasta el 31 de diciembre de 2016 publicó en su página web todos los casos -oficiales y no- de mujeres asesinadas a manos de hombres. Son 791 desde que existe la Ley contra la violencia de género. Sólo estamos en febrero y ya van 10 mujeres asesinadas por hombres. 
Me alegro de que el libro de Natza Farré ‘Curs de Feminisme per Microones’ vaya ya por la cuarta edición y que haga reflexionar a tantos hombres y también a tantas mujeres. Me parece un avance que no se considere como algo normal y que La Vanguardia dedicara ayer una página en Deportes para denunciar lo que les sucedió a las jugadoras del Lloretenc y del Atlètic Masnou mientras jugaban un partido de la Segunda Catalana. Que fue vergonzoso.

Estaban las futbolistas en pleno partido en el estadio municipal del Molí cuando a la media hora de partido algunos jugadores del equipo de veteranos del Lloretenc irrumpieron en el terreno de juego al grito de: “¡A fregar platos” o “Mejor estaríais haciendo ballet”. Por un error, ambos encuentros coincidían en el horario. Se intentó arreglar, pero ante la imposibilidad, la respuesta de los veteranos fue esa, la de ir por las bravas. Incluso amenazaron con llamar a la policía. El árbitro se vio obligado a suspender el partido, que era oficial, las jugadoras de ambas equipos realizaron durante unos minutos una protesta pacífica sentándose en círculo en el campo y se terminaron marchando. Ellos, los veteranos, disputaron inmediatamente después su partidito como si nada. Tan tranquilos. Los que habían insultado y saltado al terreno de juego y los que no. Todos. En ‘La Vanguardia’ se detalla que el Lloret llegó a negar los hechos hasta el martes, cuando pidió disculpas, igual que el Ayuntamiento.

Este tipo de deplorables actuaciones machistas no pasan inadvertidas ya para los medios de comunicación. Pues sí. En algo hemos avanzado, pero es que faltaría menos, vaya. 

Aplaudo, celebro, me alegro, valoro, pero quiero más. Lo quiero todo. Quiero lo mismo. Y lo quiero ya. Quiero ser considerada y tratada igual que un hombre. Quiero que cualquier mujer lo sea. Por eso, me declaro desde ya en contra del término ‘micromachismo’. Porque no existen ‘microracistas’ ni ‘microhomófobos’.  Existe el machismo, el racismo y la homofobia. Y situar delante de la palabra machismo ‘micro’ tiene como resultado inmediato empequeñecer, minimizar, no darle la importancia que tiene. 

Cuando alguien considera que una persona de raza negra no puede realizar o no está capacitada el mismo trabajo que una caucásica, no es un pequeño racista: es un racista. Cuando alguien cree que el criterio de un homosexual no es tan válido como el de un heterosexual no es un poquito homófobo: es un homófobo. Sin peros. Sin más. Sin micro.

Machista es el que insulta, agrede y en último término mata, convirtiéndose así además en asesino, pero machista es también el que trata a las mujeres con condescendencia, el que las juzga por su físico, los medios que las cosifican y buscan el click fácil a base de fotos con culos y tetas y en los que cuesta encontrar a una mujer que mande, dirija, opine, o que presente en televisión sin cumplir con la condición de ser joven, delgada y bella. Machistas son las instituciones y empresas que las pagan menos por el mismo trabajo que un hombre. Se es machista o no se es. Aquí no hay término medio. No hay grises. Así que de micro nada, oigan.

 

Foto: eldiario.es

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