Hace dos días leí en Twitter al periodista de la Cadena SER Nicolás Castellano, especializado en temas de migración y Santi Palacios, el fotoperiodista que acaba de ser galardonado con un segundo premio del World Press Photo por una fotografía de dos hermanos nigerianos, de 10 y 11 años, que rompieron a llorar desconsoladamente tras ser rescatados por Proactiva Openarms llamando a su madre, que había muerto en Libia. Búsquenla. Es necesario mirarla con atención.

Nicolás Castellano tuiteó: “Hay fotos, hay cifras, desgraciadamente no hay nombres (de momento) ¿Hasta cuando lo seguiremos permitiendo? ¿Por qué no reaccionamos?", ante la noticia de la aparición de 74 cadáveres devueltos por el mar en la costa de Libia. Santi Palacios -que actualmente está de nuevo en el barco ‘Golfo Azzurro’ de Proactiva en el Mediterráneo Central, que sólo en el día de ayer rescató a más de 200 personas que estaban a la deriva en barcas de mierda- le contestó: “Porque no hay presión de la sociedad civil, y sin eso no hay nada; pero esto ya lo sabes. Mañana zarpamos hacia la zona SAR”. 

El pasado sábado en Barcelona 160.000 personas según datos de la Guardia Urbana salieron a la calle en la mayor manifestación que ha habido en Europa a favor de la acogida de refugiados y para protestar por la política de la Unión Europea al respecto. Quiero creer que hay esperanza, que estamos empezando a reaccionar aunque para miles ya sea demasiado tarde porque hay otros miles que seguirán intentando cruzar las fronteras arriesgando sus vidas. Y miles que siguen atrapados en los campos de la vergüenza en Grecia, en Belgrado, en Turquía, sobreviviendo a condiciones terribles en pleno invierno. 

En la Puerta del Sol de Madrid hay cinco mujeres en huelga de hambre desde hace 14 días de la Asociación Ve-la Luz, una asociación que nació en Galicia para la defensa de mujeres y niños supervivientes de la Violencia de Género y/o abusos. Todas ellas han sido víctimas de la violencia machista. Este miércoles, después de conocerse que cinco mujeres habían sido asesinadas por hombres en menos de 72 horas, cientos de personas, mujeres y hombres, se concentraron de forma espontánea en la Puerta del Sol junto a ellas. Quiero creer que hay esperanza, que nos importa, que estamos empezando a reaccionar aunque ya sea demasiado tarde para las 16 mujeres que han matado sus parejas o ex-parejas en el mes y medio que llevamos de año. Es el peor dato desde el 2003, cuando se empezó a contabilizar a las víctimas de violencia machista. 

Quiero creer. Quiero tener esperanza, pero me desespero. Me desespera la inacción de nuestros gobernantes, las excusas, los a mí no me mire que la culpa es de otro, las cumbres de la vergüenza de la Unión Europea, los recortes del 22% en las partidas de la violencia machista desde el 2011 hasta el 2015 a los que la la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, contestó el miércoles en el Congreso que el machismo "no se acaba exclusivamente con dinero, sino que se acaba con unidad, con coordinación, con educación y con sensibilidad social”. Efectivamente, para acabar con el machismo la clave es la educación, pero para proteger a las víctimas, vigilar a los que las están cazando y que en los Juzgados contra la violencia de género tengan herramientas para combatir a los que andan sueltos, amenazando, vigilando, pegando y asesinando. No lo digo yo, lo dice Francisca Verdejo, la magistrada del juzgado número dos de violencia de género de Barcelona, a la que entrevisté hace un año y medio y que fue así de clara: “Hay reducción de plantilla, falta de especialización, faltan recursos. En mi juzgado por ejemplo hay tres funcionarios menos, lo que a efectos prácticos significa que todo se ralentice, los trámites son más lentos. Le pasa también a la policía, que no tienen suficientes medios para atender a todas las víctimas en las órdenes de protección, por ejemplo. Hay menos trabajadores sociales, menos psicólogos. Menos de todo”. Así que señora Ministra Dolors Montserrat: el dinero es importante. Dejen de hacer recortes. No escurra el bulto. 

16 mujeres asesinadas en 54 días. Y todavía hay que vestir los artículos con ¿Y si fueran policías? ¿O Guardias Civiles? ¿O futbolistas? Porque, al parecer, que sean mujeres no crea la alarma social que debería. Sólo un diario ayer dedicaba su portada, entera, a la escandalosa cifra: el ABC. No resulta difícil imaginar que si fueran policías, Guardias civiles o futbolistas, todos los periódicos, todos los informativos de televisión y de radio, abrirían con ello.

En el concierto a favor de abrir fronteras y acoger refugiados que se celebró en el Palau Sant Jordi, Òscar Camps, fundador de Proactiva Open Arms clamó: “Basta ya de decir tragedia y drama: es un crimen. Un crimen propiciado por la industria de la guerra y la industria de las fronteras”. Los 16 crímenes de mujeres por el simple hecho de serlo exigen, ya, una respuesta a la altura de la emergencia. Tanto de nuestros gobernantes como de una sociedad que sigue menospreciando la violencia contra las mujeres. 

Quiero creer, quiero tener esperanza, pero necesito tener motivos.

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