Ayer pasó algo extraordinario. Se podría considerar incluso un milagro, si no fuera por el pequeño detalle de que fue, sencillamente, una cuestión humana: alguien pidió perdón, sin peros, sin excusas, sin utilizar la fórmula de “si a alguien he podido ofender” que tan de moda está y con la que en realidad no se piden disculpas, sino que califican al ofendido de exagerado o particularmente sensible. Era un perdón como dios manda. Y nunca mejor dicho, porque lo pidió un obispo.

El obispo de Canarias, Francisco Cases, escribió el miércoles un comunicado en el que decía lo siguiente: “En conversaciones con periodistas o con grupos distintos he tenido que responder alguna vez a las preguntas: ¿Qué día ha sido el más feliz de su estancia en Canarias? y he respondido con muchas fechas. Y ¿qué día ha sido el más triste? Hasta ahora respondía: el día del accidente en Barajas del avión que partía hacia Gran Canaria. A partir de hoy diré que estoy viviendo ahora el día más triste de mi estancia en Canarias. Ha triunfado la frivolidad blasfema en la gala Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Triunfado en los votos, y triunfado en los aplausos de una muchedumbre enardecida.” En el accidente del vuelo JK5022 de Spanair en el aeropuerto de Madrid-Barajas del 20 de agosto de 2008 perdieron la vida 154 personas. La barbaridad de lo dicho por el obispo era importante y, como no podía ser de otra manera, la presidenta de Asociación de las Víctimas del accidente le contestó reprochándole su actitud con gran dignidad y el respeto que el obispo se había saltado a la torera.

Francisco Cases reaccionó. Y lo hizo ayer de manera sorprendente, pidiendo sinceras disculpas a los familiares de las víctimas. Que llame la atención que un obispo solicite perdón da medida al mismo tiempo del desvarío en el que algunos de los altos miembros de la Iglesia Católica han caído en los últimos tiempos. Cases, el obispo de Canarias, contestó así: “Sin excusas ni pretextos, le he pedido perdón, a ella, y en ella a todos ustedes, por la desafortunada comparación que aparece en un párrafo de esa mi carta que me arrepiento sinceramente de haber escrito. Siento profundamente el daño que les ha ocasionado y me gustaría encontrar el modo de aliviarlo, si no es posible cancelarlo. Ese daño en ustedes es lo que más me duele y entristece de cuanto estoy viviendo estos días. Les pido por favor que acojan mi petición de perdón, que me dejen un pequeño rincón en sus corazones”. La Asociación de Víctimas del JK5022 aceptó “con generosidad y sin rencor” las disculpas del obispo. Parece mentira, ¿verdad? Pues ha sucedido. Un obispo solicitando perdón, dándose cuenta de su tremendo error, consciente del daño que había causado con sus palabras y pidiendo, por favor, que le perdonaran por ello.

Algunos de sus colegas deberían tomar ejemplo. Porque hay una lista que no falla y que son noticia día sí y día también por manifestaciones que provocan primero asombro, indignación y que demuestran una intolerancia que no se debe permitir. Está, por ejemplo, el Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Algunas de sus ‘perlas’ son asegurar que la UNESCO “tenía un plan para “hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual” y calificó la homosexualidad de “plaga”. Respecto a la igualdad de género también tiene una opinión muy clara: “Cuanto más varón sea el varón, mejor para todos. Cuanto más mujer y más femenina sea la mujer, mejor para todos en la casa. El hombre de la casa aporta la cobertura, la protección y la seguridad. Es el signo de fortaleza y representa la autoridad que ayuda a crecer. El papel de la mujer es dar calor al hogar, acogida, ternura”, escribió en una Carta de Navidad. ¿Más? Fernández mantuvo en su diócesis, protegiéndole así, a José Domingo Rey Godoy, que fue condenado en 2004 a 11 años por abusos sexuales a seis niñas y entró en prisión tras sentencia firme.  

El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, es otro que tal baila. Ha llegado a pedir a sus fieles “que desobedezcan aquellas leyes basadas en la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género” y hasta dijo sentirse perseguido e injustamente tratado después de advertir “contra el imperio gay” en una misa que ofició. Sobre los refugiados, soltó: “¿Esta invasión de emigrantes y de refugiados es todo trigo limpio? ¿Dónde quedará Europa dentro de unos años? Hoy puede ser algo que queda muy bien, pero realmente es el Caballo de Troya dentro de las sociedades europeas y en concreto de la española”. Se le denunció por todas estas declaraciones, pero en el 2016 el juzgado de Instrucción 18 de Valencia rechazó la denuncia presentada por la Red Española de Inmigración por entender que sus palabras no incitan al odio, la discriminación o la violencia contra los colectivos aludidos. 

El obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, es otro de los clásicos en las infamias. En la Semana Santa de 2013 aprovechó que su homilía se estaba retransmitiendo por la segunda cadena de TVE para decir “que los homosexuales piensan desde niños que tienen atracción hacia personas de su mismo sexo y, a veces, para comprobarlo se corrompen y se prostituyen o van a clubes de hombres nocturnos. Y os aseguro que encuentran el infierno”. Reig Pla considera además que la homosexualidad es una “enfermedad que se puede curar”. Además, ofició una misa en Paracuellos del Jarama rodeado de símbolos franquistas, entre ellos, una bandera bien visible con el águila en el altar. Las mujeres también son uno de sus temas preferidos. Las feministas, más concretamente: “Conviene indicar que el feminismo ideológico no es más que un paso en el proceso de deconstrucción de la persona. El feminismo radical es más conocido por sus pretensiones políticas y por sus vinculaciones con los movimientos que promueven el aborto, el ataque al matrimonio monógamo e indisoluble y a la maternidad”.

El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, también se merece un espacio en este artículo. Se lo ha ganado a pulso. El pasado mes de febrero, en una misa, afirmó sobre la ideología de género que “hay una patología detrás de eso. Hay una cortedad y una torpeza de la inteligencia” y arengaba a sus fieles a combatirla. En el 2013, tuvo la ocurrencia de publicar el libro: “Cásate y sé sumisa”. No hay que ser Sherlock Holmes para adivinar que el libro en cuestión, de una autora italiana, era un manual machista.

El obispo de Canarias ha pedido perdón. El resto, ahí siguen, en sus puestos, alimentando el odio y fomentando la intolerancia amparados en la libertad de expresión. Aprovechando la mía les señalo para expresar la repugnancia que me producen y ni siquiera espero que algún día pidan disculpas por las animaladas que dicen desde sus púlpitos. Eso sí que sería un milagro.

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