La serie que más veces he visto, al menos una vez al año vuelvo a ella, es The West Wing. Aaron Sorkin es su creador y guionista. Siempre descubro algo nuevo en esa sublimación de una Casa Blanca con un presidente Jed Barlet, premio Nobel de Economía y su equipo, con los fantásticos Leo McGarry, Josh Lyman, Toby Ziegler y Sam Seaborn. Y siempre que hablo con alguien sobre la serie digo lo mismo: “Me pido ser C.J Cregg”. 

En los juegos infantiles, cuando recreas con los amigos una película te pides ser alguien porque ese alguien representa lo que tú desearías ser. Por eso me pido el personaje de la secretaria de prensa C.J. Cregg, que fue ideado y escrito por Aaron Sorkin. Una mujer inteligente, preparada, rápida mentalmente, con un estupendo sentido del humor, un alto sentido de la honradez y ningún miedo a expresar en voz alta su opinión cuando es contraria a lo que ella considera que es más justo. Buscamos siempre referentes, ejemplos a emular y en el mundo del cine y la televisión son pocos los personajes femeninos que sirvan como modelos. De ahí mi sorpresa cuando leí hace unos días que Aaron Sorkin descubrió que la industria del cine tiene un problema con el racismo, el sexismo y la falta de diversidad en general. Leí un par de veces el artículo publicado en Variety, esperando que al final aclararan que se trataba de una broma, o que Sorkin estaba ironizando sobre el asunto, pero no.

En una mesa redonda del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos, a la que Sorkin acudía como invitado en Los Ángeles, el guionista expresó su confusión ante algunas preguntas del público. "¿Me estáis diciendo que las mujeres y las minorías lo tienen peor que los hombres blancos cuando quieren que lean sus guiones? ¿Y me estáis diciendo que los blancos se las apañan para hacer películas mediocres y seguir adelante con sus carreras?". Cuando, efectivamente, le dijeron que sí, consternado preguntó: "¿Qué puedo hacer para ayudar? Quiero saber lo que puede aportar alguien como yo, pero mi lema siempre ha sido: Si tú lo escribes, ellos (los productores) acudirán". 

Se me ha caído un mito. Ese desconocimiento, esa sorpresa por parte de alguien como él, me deja pasmada. ¿Pero en qué mundo vive? Porque son muchas las mujeres que han denunciado la desigualdad en su industria. La cosificación a la que se ven sometidas, las presiones para adelgazar, la falta de papeles cuando se hacen mayores, las desigualdades salariales y hasta el acoso por parte de los mandamases. 

La actriz Emma Thompson, por ejemplo, acaba de revelar en una entrevista que estuvo a punto de abandonar el rodaje de la película Retorno a Brideshead porque vio como una actriz, compañera de reparto estaba siendo presionada por los productores para adelgazar y explicó que una de las razones por las que nunca se ha mudado a Los Ángeles pese a tener muchas ofertas de trabajo es porque se siente "demasiado gorda" cuando visita la ciudad. Son varias también las actrices que han contado abiertamente que se han tenido que pelear para cobrar igual que sus compañeros de reparto. 

Robin Wright, que interpreta a Claire Underwood en la serie House of Cards explicó en una conferencia en Nueva York que dio un ultimátum a los responsables de la ficción para que su sueldo se equiparase al de su marido en la ficción, interpretado por Kevin Spacey. "Les dije algo así como: quiero que me paguéis lo mismo que a Kevin. Hay muy pocas películas o series de televisión en las que mujeres y hombres se representen igualados y House of Cards es una de ellas. Es el paradigma perfecto".  

Jennifer Lawrence, que aparece en la lista de las actrices mejor pagadas en Hollywood, publicó en el blog Lenny Letter —una iniciativa de Lena Dunham y la productora de Girls, Jenni Konner— un artículo titulado ¿Qué he hecho yo que no han hecho ellos?. Produjo un gran revuelo y muchas de sus compañeras, y también compañeros, de profesión la apoyaron. En él la actriz contaba que el enfado era consigo misma, se sentía culpable por no defender sus derechos. "Cuando sucedió el hackeo de Sony y me enteré de que me pagaban menos que a mis compañeros no me enfadé con Sony. Me cabreé conmigo misma. Fallé como negociadora porque cedí demasiado pronto. Jeremy Renner, Christian Bale y Bradley Cooper pelearon y lograron unos contratos poderosos para cada uno de ellos y estoy segura de que fueron recompensados por ser audaces y tácticos, mientras que a mí me preocupaba no parecer una mujer problemática, una mocosa, al reclamar el sueldo justo que me tocaba". Lawrence afirmaba sentirse cansada de buscar la manera de expresar su opinión y seguir siendo simpática. "Se filtró un email de Sony en el que un productor se refería a una actriz como una mocosa malcriada negociando. Por alguna razón, no me imagino a nadie diciendo eso sobre un hombre".

Los roles, los papeles que se perpetúan en la sociedad son precisamente esos por los que Jennifer Lawrence, como tantas otras, se autocensuran para no parecer problemáticas, contestonas, malcriadas, niñatas. A mí me ha pasado. Una vez un jefe con el que ya había trabajado antes y con el que mantuve una entrevista para un nuevo puesto me preguntó: "¿Ya has cambiado de carácter o sigues igual?". Me quedé tan perpleja que no supe contestarle en ese momento. Un par de horas después le llamé por teléfono para decirle que olvidara de lo que habíamos hablado, que no me interesaba el trabajo. Cuando se lo he contado a amigas, todas, en mayor o menor medida, han tenido experiencias similares. Y todas, sin excepción, se culpan y se avergüenzan de ello, de haberse callado.

El cuerpo de la mujer es otro campo de batalla. Ahí está, por ejemplo, el cartel de Cannes retocado para que la actriz Claudia Cardinale, que en la fotografía original tenía 21 años, aparezca con los muslos más delgados y menos cintura. No se trata sólo de juventud, sino de cumplir con unos estándares estéticos cuya máxima es, al parecer, cuanto más flaca, mejor, más atractiva. 

Hace un año, Kate Winslet ganó el premio BAFTA como mejor actriz de reparto por su actuación en la película sobre Steve Jobs. Su discurso fue memorable: "Cuando era joven, cuando tenía 14 años, un profesor de teatro me dijo que me conformara, que fuera feliz si me daban los papeles de ‘chica gorda’. ¡Mírame ahora! ¡Mírame ahora! Quiero decirle a cualquier mujer joven que haya sido menospreciada por un profesor, un amigo o incluso un familiar que simplemente no les escuchen. Eso fue lo que hice yo. Y seguí avanzando y superando mis miedos e inseguridades y seguí creyendo, así que quiero dedicar este premio a todas las jóvenes que dudan sobre sí mismas porque no deberían hacerlo, sino seguir adelante para conseguir lo que quieran".  En ese ‘look at me now’ (mírame ahora) de Kate Winslet -busquen el vídeo- se resume todo. No. Calladitas no estamos más guapas.

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