Imagina un país en el que las mujeres necesitan un tutor legalmente reconocido, sea su padre, esposo u otro miembro de la familia, que debe otorgarles el permiso formal para que puedan estudiar, viajar, obtener el pasaporte o incluso operarse. En el que hay parques, playas y transportes públicos exclusivos para hombres y mujeres, e incluso entradas diferentes para la mayoría de edificios públicos, bien sean oficinas, bancos y universidades. Uno en el que deben ir siempre acompañadas por un hombre. En el que no pueden ir al cine. En el que no pueden conducir. En el que a partir de la adolescencia deben cubrirse el cuerpo y el pelo y, en ocasiones incluso el rostro. 

Imagina un país que, según el último informe del banco mundial de 2016 lidera el ranking de 173 países con más diferencias entre géneros. Los indicadores eran, por ejemplo, el acceso de la mujer a las instituciones, el uso de propiedades, conseguir un trabajo, promover incentivos para trabajar, acudir a la justicia y combatir la violencia machista. Imagina que el país en cuestión crea el primer consejo de mujeres con el ánimo de defender los derechos femeninos… y en su primera reunión no hay ni una sola mujer. 

Imagina que la ONU crea La Comisión del Estatuto de la Mujer, que es el único y más importante órgano intergubernamental exclusivamente dedicado a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer dentro del sistema de Naciones Unidas, y que el próximo entrará en funcionamiento en el 2018 hasta el 2022. Imagina que el país más misógino del mundo, el líder mundial del machismo, está entre los 13 elegidos para formar parte de la Comisión...

Y ahora deja de imaginar. Porque todo lo que acabo de relatar no es ningún cuento, no estoy bajo los efectos de ninguna droga psicodélica. Es una realidad, un hecho. El ultraconservador reino de Arabia Saudí ha sido elegido por la ONU para formar parte de la Comisión del Estatuto de la Mujer. Increíble, pero cierto.

El primero en denunciar la decisión de la ONU ha sido Hillel Neuer, director ejecutivo de la organización no gubernamental de United Nation Watch, con sede en Ginebra. En una serie de tuits, Neuer calificó la elección de “absurda” y la comparó con “que un pirómano fuera nombrado jefe de bomberos”. El símil de Neuer es bastante preciso y políticamente correctísimo, porque sinceramente a una le dan ganas de gritar en qué coño están pensando en la ONU y a quién cojones se le ha ocurrido semejante barbaridad. Que un país como Arabia Saudí sea el que vele por la igualdad de género es surrealista, pero también un insulto, un atropello, que no debe ser tolerado.

La votación para incluir a Arabia Saudí entre los 13 países que defenderán los derechos de las mujeres ha sido secreta, en el colmo de la transparencia y de la ausencia de cualquier tipo de sentido común o vergüenza. Apañadas vamos si dejamos en las manos de Arabia Saudí el emponderamiento y la igualdad de género, cuando son ellos los que las siguen tratando y considerando como si fueran propiedad de los hombres, sin los que no pueden tomar ni una sola decisión vital. Desde ir a la compra, viajar o abrirse una cuenta bancaria. Si esto es evolucionar, si esto es tomárselo en serio, si esto es lo que podemos esperar del órgano más importante intergubernamental, apaga y vámonos. ¿Y qué otra opción nos queda? Quejarnos. Levantar la voz. Señalar con el dedo el escándalo. Gritar. Porque sí, sirve.

En Turquía, por ejemplo, el pasado mes de noviembre, el ministro de Interior de Erdogan se vio obligado a anunciar la suspensión del trámite de la ley que pretendía que cerca de 4.000 acusados de explotación sexual de menores evitaran la cárcel. Los violadores, los explotadores, los malnacidos, se ahorraban la prisión si se casaban con la víctima a la que habían agredido y sometido. Fue tal el escándalo, tales las protestas masivas en las calles, que se vieron obligados a dar marcha atrás. Así que ahora no puede pasar inadvertida la borricada de la ONU con Arabia Saudí. De eso nada. No nos callemos. Y no hablo solamente de las mujeres, sino de todo aquel con dos dedos de frente que no sea machista. Arabia Saudí no puede velar, controlar, moderar ni formar parte de ningún consejo, ni órgano, ni comisión que tenga que ver con las mujeres. Porque ellos, simplemente, las odian. 

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